lunes, 1 de julio de 2013

El fútbol es algo más que fútbol...

Hoy pienso que parece que fue ayer, y creo que mañana lo seguiré pensando... Y quizás dentro de 10 años.

Uno a veces desea cosas, incluso piensa que han de ser así, y sin embargo luego, cuando no salen como uno espera, no nos damos cuenta de que quizás el destino nos tenía preparado algo mejor.

Mi afición al fútbol es extrema, quizás con los años algo más relativizada (es lo que da el poso de los años, uno aprende a valorar lo realmente importante) y por eso siempre pensé que mi vastaguito seguiría mis pasos, y que juntos gritaríamos muchos goles.

Sin embargo no ha sido así, a sus casi 10 años su sorprendente y exuberante personalidad le hace tener muy claros sus gustos y preferencias, y  entre ellas no figura la de ver a 22 tíos pegándole patadas a un balón.

Curiosamente es mi angelito, la que contradictoriamente a esa personalidad tan femenina que posee, la que me acompaña eufórica en el cabalgar del balompié.

Ayer, como no podía ser menos, allí que nos fuimos los dos, acompañados por mi amigo Món, que se encargó de las entradas, a ver a nuestro equipo, el Real Jaen, enfrentarse al reto de salir de ese pozo sin fondo que es la Segunda división B.

Y es ella la que, como todo lo que hace, me descubre nuevos sentimientos y sensaciones. Curioso, como a sus 7 añitos, aguantaba el lorenzo abrasador en su cabeza, mientras esperábamos más de media hora, entre el agobio y el hedor humanizado de las gentes, para poder acceder el estadio. Allí abajo, cuando la miraba, entre el sofoco y la angustia de tanto cuerpo embarullado, y le preguntaba que qué tal iba, ella sólo me sonreía y seguía tarareando ese himno que con tanta fe se ha aprendido de memoria.

Suena el pitido inicial y su ilusión se me contagia, mientras con sus pipas y su fanta, busca con afán a su jugador favorito, Fran Machado, "¡Papi, papi, allí está, el de las botas azules!".

Durante el partido sus comentarios, sus risas, sus incansables palmas me hacen estremecer y sentir un poco más intensa la propia tensión del partido.

Un saque de puerta del equipo contrario, y ella, conocedora del rito particular de la afición, me pregunta, rápida, "Papi, ¿puedo?". Le asiento condescendiente con mi mirada, y disfruto viéndola gritar, todavía algo tímida, sabedora de que esa palabra no termina de sonar bien en sus diminutos labios: "¡eeeeeeeeeeeee... Cabrooooon!"

Y así van pasando los minutos, el Jaén mantiene un engañoso resultado que le da el ansiado premio del ascenso, pero que en cuestión de segundos puede romperse, como un jarrón en manos de un niño, en mil pedazos.

Y llega la ola, y los ojos de mi ángel crecen aún más cada vez que se acerca. "¡La ola, la ola!", me grita nerviosa y exultante, mientras levanta los brazos y salta al ritmo de todos nuestros vecinos de palco.

Un minuto para el final, penalti a nuestro favor. "Pero, ¿por qué no lo tira Fan Machado?" Me pregunta decepcionada. "Prefiere que lo tire otro compañero que no está tan cansado". Parece que mi respuesta le satisface y sonríe con la mirada.

Falla Santi Villa, la miro y me dice resignada:"Fran lo habría metido". Jugada de contraataque, la gente en pie y mi ángel me abraza subida en su asiento. Mientras un jugador rojo se planta solo ante nuestro Toni García, siento sus gritos entremezclados por mi piel. El balón parece que va a entrar, pero aparece Gaitán para sacarlo de entre los palos. Respiramos tranquilos, resoplamos y el árbitro pita el final, hemos ascendido.

"¡Al campo, Papá, al campo!", ella manda, me coge de la mano y bajamos la grada. En cuestión de segundos estamos pisando el césped sobre el que hace unos minutos aquellos jugadores sudaban más que un partido. Y mi niña, corre, vuela, salta... Y yo vuelvo a tener 7 años a su lado.

Y allí, entre el tumulto de la gente, cuidando de que nadie le haga daño, vigilo de soslayo su inocente alegría, mientras busca acalorada a su Fran Machado. Hay demasiada gente, y temo por los empujones y agobios, ella asiente y se conforma con haber visto a su lado a su también idolatrado portero, Toni García. Y nos vamos. Antes, se agacha, toca la hierba todavía húmeda y me dice "Papá, el césped es de verdad".

Subiendo la interminable cuesta, al salir del estadio, le pregunto si está cansada y quiere que cojamos un taxi. Me aprieta fuerte la mano y me dice, "prefiero ir andando, así estoy más tiempo contigo y este día dura más rato". Y yo trago saliva, y pienso que la felicidad debe ser algo parecido a esto.

Y así seguimos nuestro camino, la cojo aún más fuerte de la mano y me digo para mis adentros: Nunca olvidaré este día... Y espero que mi angelito tampoco...



Enhorabuena Real Jaén, y gracias por hacerme vivir este día...


jueves, 27 de junio de 2013

La fortuna de la mala suerte

 "Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabajo, más suerte tengo".
Thomas Jefferson

Hoy pienso que hace un par de noches surgió una velada nocturna con unos amigos, una de esas tertulias improvisadas en que organizas el mundo, lo arreglas y lo vuelves a desarreglar, de pronto gritas acaloradamente y seguidamente brindas con una nueva copa a la luz de la luna. Y así es como brotó el tema de la suerte.

¿Qué es la suerte? ¿Existe en realidad o la fortuna es sólo una consecuencia de nuestra actitud hacia la vida?

No contradeciré yo a los árabes cuando hablaban de la Baraka como bendición divina, no osaré tampoco ofender a la Diosa romana Fortuna ni a la griega Tyche, y sí, reconozco haber dado las 7 vueltas alrededor del Escarabajo en el Templo egipcio de Karnak. No negaré por tanto que la suerte está ahí, la mala y la buena y creo en ella. No obstante, nunca podremos terminar de saber si es una u otra la que se cruza en nuestro camino, ya que como les decía el campesino a sus vecinos en aquel cuento chino: "¿mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe".

No sé si Dios es el único que lo sabe, pero en mi opinión, hay tres momentos esenciales que son los que definen nuestra fortuna:

- El previo: Nuestras experiencias, el dolor padedecido, nuestro esfuerzo, las risas ante los problemas y esas lágrimas que en lugar de evaporarse nos sirven para engrasar nuestro motor cuando nos emfrentamos a nuevos retos.

- El presente: Poco podemos hacer ante lo fortuito. Las eventualidades existen, no valemos para predecir el destino ni descubrir a los hados que merodean por nuestros lapsos , sin embargo a pesar de nuestra volubilidad, a veces, muchas veces quizás, podemos ayudar a que un lance se convierta en hazaña o se torne en un descalabro.

- Mañana: Aquí si lo tengo claro, el previo y el presente quedan definidos por nuestra actitud. Y aunque un hecho es un hecho y se parte de él, en nuestra mano está adaptarlo, porque si bien no podemos evitarlo, sí que podemos asimilarlo y transformarlo.

Y ya está, no hay más.

Es inevitable que pensemos en casos concretos, así, cuando vemos a deportistas de élite en la televisión triunfando, pensamos en la suerte que han tenido, en esas aptitudes innatas con las que nacieron, en esa medalla que les cuelga del cuello  y cómo la fortuna les ha sonreído para conseguirla. Pero, seguramente nadie piensa en las horas y horas de entrenamiento, en los grandes sacrificios que habrán tenido que hacer para llegar allí, y sobre todo, en la capacidad de superación que tienen para seguir adelante día a día, y sobre todo en esos problemas que les pudieron hacer tirar la toalla y sin embargo, fueron capaces de seguir adelante y superarlos.
¿Pero y aquellos que tuvieron mala suerte y sin embargo supieron levantarse y ahora, si no supieses su historia, pensarías que son tipos con suerte?

Julio Iglesias, cuya carrera de futbolista se vio truncada por un accidente de tráfico, pudo haberse quedado en casa viendo partidos de fútbol y compadeciéndose de sí mismo por su mala suerte... Sin embargo cogió una guitarra, y hoy todos estamos de acuerdo en que aquel accidente fue quizás una bendición en su vida.

Si pensamos en Irene Villa, aquel atentado de ETA, cuando tenía 12 años, le cambió la vida... ¿pero se la cambió para bien o para mal? Hoy triunfa en la vida, como profesional, como madre y como esposa... y lo más importante, es feliz. ¿Podríamos decir que aquel atentado fue un golpe de suerte? Yo no diría tanto. Más bien, fue su propia actitud la que le hizo adaptarse a la nueva situación y hacer de ésta algo positivo.

Vale, algunos pueden decirme que en realidad estos ejemplos son de personas con tanta suerte que ni un acto catastrófico en su vida pudo acabar con su rastro de buena suerte, su destino estaba marcado, ¿no?

Entonces os hablaré de Michael J. Fox, ya sabéis, el actor de Hollywood que lo tenía todo, fama, dinero, familia... y que con 40 años se topó de frente con una enfermedad degenerativa, el Parkinson !Qué mala suerte! Podrían pensar muchos. Luchó incansablemente, siguió trabajando y trató de esconderla hasta que los signos eran tan evidentes que no pudo evitar retirarse. Sin embargo, lejos de rendirse, ha creado una fundación con su nombre para la investigación de esa rara y cruel enfermedad, ha seguido poniendo voz a personajes de dibujos animados e incluso y hasta donde yo sé, tiene algún proyecto para llevar a la gran pantalla como actor, sí, como actor.

A pesar de que esa enfermedad le cambió la vida, para él, eso fue lo mejor que le pudo pasar en la vida. Hasta entonces tenía fama, dinero... sin embargo, vivía en un mundo virtual en el que nada era real y eso sumado a sus noches de juerga le hicieron una persona infeliz y superflúa y gracias a ese "regalo" (vaya regalo) fue capaz de rozar la verdadera felicidad. Hoy sigue casado con su mujer de toda la vida y tiene 4 hijos a los que ama con locura. Ha escrito dos libros, cuyos títulos lo dicen todo: "un hombre afortunado", libro autobiográfico y que recomiendo encarecidamente y "Siempre mirando hacia arriba: las aventuras de un optimista incurable").

Con eso me quedo, es duro no llorar, no sentir lástima de uno mismo y preguntarnos de vez en cuando aquello de "¿y si hubiese pasado esto otro?" sin darnos cuenta de que es una pregunta de antemano trucada.

Yo también lloro, de hecho soy muy llorica, aunque procuro hacerlo a solas, con mi querida intimidad (como Aznar con su catalán) y a veces con mi plañidera particular, la única ante la que desnudo mis lágrimas. Es fácil sucumbir ante la dulzura de la auto compasión, no os lo voy a negar. Pero es entonces cuando tenemos que levantarnos, dejar de pensar en lo que no fue y aceptar nuestra suerte (mala o buena, ya sabéis, "sólo Dios lo sabe), porque no os dejéis engañar, ya lo dicen las cuatro leyes de la espiritualidad india, y ante ellas me descubro: "La persona que llega es la persona correcta, lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido, en cualquier momento que comience es el momento correcto y cuando algo termina, termina".

Nunca podemos cambiar el pasado, quizás seamos víctimas propiciatorias del presente, pero sobre todo, somos dueños de nuestro futuro. Porque puede que la suerte exista, pero como decía Isaac Asimov, "la suerte sólo favorece a la mente preparada".

viernes, 21 de junio de 2013

A riesgo de ser tedioso con la reforma de moda

Hoy pienso que ayer por fin se hizo pública la tan cacareada y ansiada Reforma de la Administración.

Tras la presentación de Rajoy y por lo que, de momento, he leído, mi gozo en un semipozo. 217 medidas en más de 2.000 folios suena bien, aunque claro, las palabras nada significan si luego no se dignifican. Y de momento sólo he visto eso, buenas palabras.

EL caso es que hoy se aprueban en Consejo de Ministros la primeras 5 de esas medidas, y bueno, pues veremos a ver hasta dónde llegan, porque esto será un cuentagotas del que más vale no perder el hilo. Aunque la información no era del todo exhaustiva, principalmente me han llamado la atención dos cosas. Por un lado, la ausencia de referencia alguna a la reforma de la Administración local ni autonómica, lo cual me huele a que una vez más, tratamos de poner un parche a la rueda para que deje de perder aire, cuando en realidad, por su desgaste, lo necesario sería cambiar el neumático, aunque ello suponga más trabajo inicial... y más dinero. 

Por otra parte, se habla tan sólo de un ahorro de 8.000 millones de € (curiosamente la misma cifra de la que se hablaba cuando se anunció la desaparecida reforma local). Pocos millones me parecen a mi para tan supuesta magna reforma, cuando sólo las 149 "embajadas" autonómicas andan por los 150 millones... 

Sin embargo, no hablaré más de ello hasta que no tenga más datos y ésto se vaya desarrollando, eso sí, sigo pensando que una reforma de la Administración sin tocar ni tan siquiera retocar la estructura actual de esta nuestra España, se me antoja misión para el mismísimo Ethan Hunt

¿No sería más fácil cambiar la rueda? Quizás más fácil no, pero mejor a medio y largo plazo... Analizar el impacto real de las Diputaciones, la verdadera utilidad de los pequeños municipios, la eficacia de muchas competencias transferidas a las CCAA... ¿es mucho pedir?

Por otro lado, también me gustaría dejar mi impronta (que diría mi peculiar compañero del despacho de al lado) sobre una de las reformas que saldrá a la luz, previsiblemente, en julio. Así me mojo y luego nadie me podrá decir que me subo o me bajo de carros según el buey del que tire.

Se trata de la futura Ley de Función Pública. Según anuncian, hará énfasis en el proceso de selección del funcionario y en la revisión constante de la capacidad de trabajo y la obtención de resultados.

Bueno, eso no es decir mucho, aunque en mi opinión, los tiros van por ahí, eso sí, habría que ahondar mucho más.

La Administración Pública adolece de una rigidez  excesiva y una falta de adaptación a los nuevos tiempos descomunal. La estructura decimonónica de la Administración es lo primero que llama la atención cuando uno entra en las cuatro paredes públicas y se pierde en su laberinto. No existe colaboración entre Administraciones, "lo mío es mío y lo tuyo es tuyo" viene a ser el sancta sanctorum de todo Organismo Público y eso, poco ayuda a la eficacia. Por no hablar de Organismos de distintas Administraciones territoriales, que si en CCAA como Andalucía o Murcia ya se ven como enemigas irreconciliables, no quiero pensar en una Catalunya o Vascongadas.

Por otro lado, no existen políticas activas de recursos humanos, y sin embargo, algo fundamental como es la formación continua, el fomento de la carrera profesional o una especial atención a la función directiva supone algo esencial para el estímulo profesional del funcionario, con la consiguiente repercusión en la propia Administración.

Especialmente en las CCAA, la Administración pide a gritos una mayor profesionalización, especialmente en los puestos directivos donde ahora mismo, los criterios del carné y la amistad son los seguidos a pies juntillas.

Y así podría seguir, pero prefiero callar y seguir observando. Porque estos temas que a mi me apasionan igual os resultan tediosos... y yo, no os quiero aburrir con otro telediario. Mañana procuraré ser más ocioso...

viernes, 7 de junio de 2013

Y los besos besos son

Hoy pienso que es viernes... y como tal nada mejor que dejarte llevar!

Y los besos besos son,
no lo dijo Garcilaso
ni tampoco de la Vega,
algo Segismundo insinuó,
entre sueños Calderón.

Entonces besa, ¡siempre besa!
no ahogues tu pasión,
permite que dibujen esos labios
juegos que mi boca saborean.

martes, 4 de junio de 2013

Prohibido prohibir

"Cuantas más prohibiciones impongas, menos virtuosa será la gente. Trata de hacer a la gente moral, y crearás el terreno propicio para el vicio".
Lao Tse.

Hoy pienso que Guy Montag, es bombero, pero su labor no es apagar incendios, sino provocarlos. En lugar de extintores emplean lanzallamas, porque su trabajo consiste en quemar libros, en reducir a cenizas hasta la última página impresa que caiga en sus manos. Son una nueva clase de policía consagrada a la destrucción del patrimonio literario de la humanidad, para así proteger el Nuevo Orden imperante y salvar al hombre de su propia estupidez.

En el país de Montag hay que ser feliz por decreto, y la gran mayoría de la gente lo es. Son felices sin pensar, ríen, ven la televisión y vuelven a reír... y siguien riendo. No leen, porque leer obliga a pensar por uno mismo, y por lo tanto, impide ser estúpidamente feliz. Por eso en el país de Montag atesorar libros es un delito y leerlos un crimen severamente castigado por las leyes. Los asociales que tratan de leer deben ser perseguidos, porque no sólo osan leer, sino que además tratan de que otros lean, contaminando al resto y evitando que el Estado se encargue de nuestra felicidad, esa que nosotros mismos no somos capaces de mantener.

En mi país, el nuevo reglamento de circulación que está a punto de aprobarse prevé la obligatoriedad de llevar casco al montar en bicicleta, aunque sea dando un paseo por el parque que está en frente de mi casa.

¿Quién soy yo para valorar los pros y los contras? ¿Acaso me creo con derecho a arriesgar mi propia vida? Por un momento pensé que sería capaz de tomar mis propias decisiones, por suerte que ahí está Papá Estado para corregirme y ponérmelo fácil, "no pienses, gañán, no te plantees nada. Cómprate un casco y serás feliz. Y si no quieres serlo, tranquilo, te obligaremos a serlo".

Siempre estaré en contra de las prohibiciones y mandatos que atentan contra la propia libertad del invididuo y que no afectan a terceros. Es como el cinturón de seguridad, cuyo efecto salvador sólo repercute en mi y en mi limpiparabrisas o  el casco de la moto, algo que debe quedar entre mi dura mollera y el gris asfalto... pero hoy estoy terco, lo siento. Me he levantado algo protestón, incluso hasta con ganas de pensar. Ya lo sé, Bradbury me lo advirtió "Disponemos de muchas horas, horas después del trabajo, sí, pero ¿y tiempo para pensar? Si no se conduce un vehículo a ciento cincuenta kilómetros por hora, de modo que sólo puede pensarse en el peligro que se corre, se está intervinendo en algún juego o se está sentado en un salón, donde es imposible discutir con el televisor de cuatro paredes..." Y esta noche, me ha dado por leer, en lugar de ver la tele... y

Y entonces me pregunto tan sólo por qué, como le pasaba a Clarisse, "ella era una bomba de relojería... no quería saber cómo se hacía algo, sino por qué. Esto puede resultar embarazoso. Se pregunta el por qué de una serie de cosas y se termina sintiéndose muy desdichado."

Puede que sigan prohibiendo, igual nos dejan sin bollos o donuts, no nos vayamos a poner gordos... anda, !pero si eso ya lo han prohibido en los colegios! No sé, quizás los Mc Donalds tengan los días contados... puede que limiten el número de gambas que podemos comer en una cena por el tema del ácido úrico... En todo caso, aprovechad para andar por la calle sin coderas ni rodilleras, quién sabe si no será lo próximo...

Haré mía una frase de Jim Morrison, ese genio loco... que además cantaba y que un día dijo aquello de "Prohibido prohibir. La libertad comienza por una prohibición".


 

viernes, 31 de mayo de 2013

La vida y el fútbol, como dos gotas de agua

Hoy pienso que ayer la Comisión Europea hizo públicas las recomendaciones a todos los países miembros de nuestra querida Unión Europea.

A España nos siguen exigiendo, aunque con otro talante que diría el desaparecido Zapatero. Así, como acto de buena fe y de confianza, nos prorrogan hasta 2016 el plazo de reducción del déficit por debajo del 3%, y nos dejan que este año y el que viene nos sigamos yendo por encima incluso de lo que pedía el propio Gobierno español.

Sin embargo, ojo, Bruselas, como buen padre, exige que, a cambio, no nos durmamos y sigamos estudiando, para que acabemos aprobando el curso. Así nos ponen fecha, o límites si se prefiere, para todas las reformas que tenemos pendientes y que tanto cuesta llevar a cabo: la reforma de la Administración (por desgracia estos europeos no se coscan tampoco de que el problema es de las CCAA y los Ayuntamientos, lástima que no nos exijan más en este sentido), subida de impuestos, excepto el IVA (algo así como toca los impuestos pero sin tocar más los c...), terminar con la reforma de las pensiones (vamos, no os hagáis más los remolones...) y así hasta otras 7 más recomendaciones.

El caso es que hemos mejorado, podríamos decir algo así como que no estamos tan mal, a juzgar porque el tirón de orejas del año pasado ha quedado en una cariñosa colleja, sin embargo, pasas de página en el periódico y lees que según la OCDE, el año que viene el paro llegará al 28% y el déficit no va a variar en demasía... y eso hace que el optimismo vuelva a desaparecer...

Y sigo pasando las páginas del diario, !quién me mandará a mi!, y me encuentro con que la Comisión, esa misma que nos regaña con cariñosa rudeza, le recomienda a Alemania que baje los impuestos y que además suba los sueldos...

Tras ver esto, me echo sobre el respaldo de mi silla, pongo mis brazos sobre la nuca y empiezo a reflexionar sobre lo diferente que es Alemania de España y me acuerdo de la final del otro día de la Champions League, ese toma y daca entre dos equipazos cuyo presupuesto es muy inferior a cualquiera de nuestros dos monstruos futboleros (uno se acaba de gastar 65 millones en un brasileño y el otro ya anda ofreciendo 70 por un inglés) y sin embargo vapulearon a ambos en las semifinales, a base de trabajo, buen juego y profesionalidad.

Y pienso que a los españoles la Merkel no nos cae bien, no sólo porque nos pide que trabajemos más y no pensemos tanto en las fiestas, sino porque es fea, seria y algo rechoncha... poco importa que lidere un país con poco más del 5% de paro y un déficit del 0´20%... (hace un año tuvieron superávit)... aquí nos cae mejor una mujer con acento sugerente y con más botox que sangre en sus venas, aunque nacionalice empresas españolas por el artículo 33 o su país esté cada día más arruinado gracias a sus políticas tan demagógicas como inútiles.

Y claro, vuelvo a recordar la cara de Piqué o de Ramos, y cómo esos gigantes bávaros les pasaron por encima como si nada, sin respeto, conciencia y ni tan siquiera ese miedo escénico del que hablaba Valdano al ver en frente tantos y tantos millones de Euros corriendo sobre el campo... ellos a lo suyo, correr, jugar y meter goles, que la victoria vendrá sóla...

Es es en ese momento cuando me viene a la cabeza aquella famosa frase de Eduardo Sacheri... "Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol".  

Los alemanes, hace unos años estaban perdidos en esto del fútbol, su selección era una mera sombra de aquella que un día fue y su liga estaba un escalón por debajo de las grandes, como España, Inglaterra o Italia. No llegaron grandes jeques ni rusos que se limpiasen el trasero con billetes de 500, ni trataron de fichar a las estrelllas brasileñas del momento. Se reinventaron. Estudiaron otros modelos de fútbol, esos que estaban triunfando, viajaron, observaron y empezaron a implantar un nuevo sistema en sus propias bases pero respetando su propia esencia y siempre pensando a largo plazo.

Hoy, empiezan a obtener sus frutos, sus equipos arrasan en Europa, y su selección, me temo que al año que viene dará también mucho de qué hablar. Aquí no hay trampa ni cartón, no hay pelotazos ni siquiera una pizca de suerte. Pero esto no ha hecho más que empezar.

Y aquí estamos nosotros, nuestra España, nuestros españoles, con nuestras huelgas, nuestras protestas y nuestro "qué hay de lo mío". "¿Recortes? Sí, claro, pero del vecino, lo mío que no me lo toquen". "¿Reinventarse? Por supuesto, pero para mi ya es tarde...". "¿El extranjero? Para la gente joven". Y seguimos esperando a que venga el jeque de turno a vendernos la moto y salvarnos del descenso a segunda división.

Hasta Manolo Escobar, un grande entre los grandes, trata a los 81 años de pasar página y avanzar, y afirma que está "hasta las narices del porompopero, del carro, la minifalda y el Viva España" y cuenta con tristeza cómo en un concierto se le ocurrió dejar fuera del repertorio "El carro" y al terminar la actuación, fueron muchos los que acudieron a su camerino a recriminárselo.

Manolo, un gran aficionado al fútbol, seguro que disfrutó con la final de la Champions... No me entendáis mal, soy muy español y adoro mi tierra, pero... al César lo que es del César...

martes, 21 de mayo de 2013

Es la actitud, estúpido

Hoy pienso que el pasado sábado volví a vivir un bonito ejemplo de iniciativa y profesionalidad, esta vez en el difícil mundo de la hostelería.

Estábamos en la Sierra de Cazorla y tras una mañana de mini ruta, con la lluvia como inseparable compañera, llegamos al Pantano del Tranco, donde decidimos que era momento de reponer fuerzas y sentarnos a la vera de un buen fuego para degustar una buena carne de monte, regada, eso sí, con una cervecita fresca y hasta un buen vinito si la situación lo exigía.

Y allí estábamos, calándonos en mitad del monte, con el pantano de fondo, debatiéndonos entre dos restaurantes, el de arriba o el de abajo. Finalmente, nos decantamos por el de abajo, ya que se encontraba en la orilla del pantano y las vistas merecían la pena.

Al entrar, nos encontramos en una caseta con toldos cuyas mesas se situaban en torno a una gran parrilla que hacia las veces también de chimenea. Como era lógico, todas las mesas que estaban ocupadas, se situaban a su alrededor, lo cual hacía difícil llegar a la única libre que quedaba, al fondo del salón y que, por imperiosa necesidad, fue nuestra elegida .

Ninguno de los dos camareros pareció percatarse de nuestro problema, por lo que, una vez sentados y acoplados, algunos voluntarios tuvimos que acercarnos de nuevo a la barra, pedir allí y luchar de nuevo, literalmente, por crear un camino, para, simplemente, poder llegar a nuestra solitaria y fría mesa, ya que para el resto de clientes parecíamos no existir y no hacían ni el amago por facilitarnos tan dura labor, aunque fuese con un pequeño gesto de esos de "pasa, pasa, que te dejo...". Por un momento me creí Daniel Day-Lewis haciendo de mohicano y tratando de llegar al río Hudson...

Fue al segundo y complicado viaje a la barra para  rellenar los vasos vacíos y pedir algo para picar cuando mi cuñado y yo decidimos acercarnos al restaurante que se encontraba al otro lado de la carretera y ver qué tal estaba.

Al entrar, vimos un salón confortable, pero con tan sólo una pareja comiendo y con la chimenea apagada. Ni que decir tiene que salimos de allí disparados, con la idea de volver a nuestra casetilla aunque tuviese goteras, ya que este sitio parecía incluso menos apetecible y acogedor. Sin embargo, ya en la calle fue cuando de repente nos asaltó un hombre de mediana edad que salió de detrás de la casa preguntando si no queríamos comer allí.  Muy educadamente le  transmitimos nuestra negativa porque teníamos al resto de la tropa en el bar de abajo y que sólo habíamos entrado a echar un vistazo. El hombre, perseverante pero sin resultar pesado, nos habló de unas migas y una carne de ciervo que hizo despertar nuestro estómago, y ante nuestra crítica por tener la chimenea apagada, nos dijo de forma simpática: "¿Apagada? Habéis mirado mal, bajad a por el resto de vuestros amigos y ya veréis como a la vuelta la chimenea está encendida". Eso nos hizo reír, aunque seguimos nuestro camino tras despedirnos.

Me gustó ese último recurso, su simpatía y su coraje por no perder un cliente, siempre desde la educación y el respeto.

Al llegar al bar de la parrilla y tratar de pasar otra vez por el revoltijo de mesas y ver cómo los camareros ni tan siquiera se inmutaban, la gota se colmó cuando el camarero no se acercó a tomarnos nota y, ya en la barra, nos dijo de mala gana, las cuatro cosas que ofrecían para comer.

Así fue como acabamos en el Restaurante Acacias. Con chimenea, con un joven camarero que se esforzaba a cada segundo por hacernos la estancia muy cálida y una carne de ciervo que aunque no estaba muy allá, sabía mejor gracias al ambiente que el dueño del restaurante y su hijo habían sabido crear.
- ¿Tienen revuelto de papas? Lé pregunté al chaval.

- "No, pero se hacen. Diganme qué le echo a las papas... ¿huevos? ¿morcilla, chorizo...? Esa fue su contestación. En ese instante, me vino a la mente el eslogan de la campaña con la que Bill Clinton logró darle la vuelta a las encuestas. Y me dieron ganas de adaptarla y bajar al restaurante de las goteras para decirle al camarero: "Es la actitud, estúpido".

Sin duda, ese día comimos a gusto, y ese hombre supo ganar unos clientes gracias a esos pequeños detalles que consiguen dejar a lo supuestamente importante, encerrado en el armario. Ese día Pareto hubiese estado orgulloso de haber enunciado su regla del 80/20, porque ese día, ese 20% sirvió, primero para hacernos entrar allí, cuando ya lo habíamos desechado, después para disfrutar de la comida, y por último para salir de allí con la barriga llena, los bolsillos no muy vacíos y sobre todo con una gran sonrisa. 

Eso es lo que hace que uno, a los dos días, sea capaz de seguir recordando ese sitio, su nombre, hacerle una foto de recuerdo y hasta dedicarle un post en un humilde blog... Porque al final, es la actitud la que marca la diferencia.