lunes, 15 de junio de 2015

La diferencia de un pequeño pensamiento hacia los demás

“Si hay un secreto del buen éxito reside en la capacidad para apreciar el punto de vista del prójimo y ver las cosas desde ese punto de vista así como del propio.” 
Henr Ford

Hoy pienso que no me considero un lector voraz, quizás por mis múltiples aficiones, no encuentro tiempo para leer más, aunque sí que es cierto que procuro acostarme todas las noches con una líneas de un libro, y creo que es una de los hábitos más saludables que se le puede inculcar a un niño.

Seguramente por eso, prácticamente desde que podían sostenerse de pie, y puede ser que incluso antes, hemos tenido la sana costumbre de llevar a nuestros hijos a la biblioteca a pasar el rato. Para nosotros, decir una tarde de viernes " vamos a la biblioteca" es como ir a un parque de atracciones. Allí manosean libros y los admiran, se pierden entre sus páginas, se quedan ensimismados con sus dibujos y disfrutan imaginando con las palabras. Allí las las horas pasan como quien navega por un mar de olas amables.
Es cierto que los primeros años tuvimos suerte, ya que donde vivíamos, en Murcia, parques, piscinas y bibliotecas hay de todos los colores y gustos, y en ese sentido, cada sábado, ir a la biblioteca era una experiencia distinta. Cuentacuentos, actividades manuales, teatros, miniexposiciones... Todo un entretenimiento para los más pequeños y un rato tranquilo delante de un libro para los mayores.

En Jaén contamos con una biblioteca pequeña, concurrida pero suficiente para la oferta que tiene, que no es demasiada, la verdad sea dicha. Sin embargo, cuando uno ha ido varias veces, se enfrenta a la eterna pregunta, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Es decir, ¿la limitación de horarios es culpa de la Junta de Andalucía, la reducción de personal o los derechos adquiridos de los funcionarios? ¿Y la antipatía del personal, se debe al desinterés del ciudadano o viene de serie? ¿La biblioteca está vacía porque la gente no tiene interés o es que los responsables no son capaces de conseguir atraer el interés de la gente? ¿No se hacen
más actividades por indolencia de la gente o la indolencia de la gente es consecuencia de la falta de actividades?

Como digo, como usuario asiduo a la biblioteca, he tenido ya varias experiencias y anécdotas, la mayoría malas, que creo que conviene explicar:
 
Día 27 de diciembre, vacaciones escolares de Navidad, los niños no tienen mucho que hacer en un Jaén que carece de centros comerciales, actividades infantiles de ocio y lugares didácticos, el tiempo, además, no acompaña por esas fechas. Son las cinco de la tarde y hartos de haraganear decidimos irnos un rato a la biblioteca. Llegamos a la puerta y... ¡sorpresa! Está cerrada. Ante nuestra decepción, a la mañana siguiente, me paso por allí y pregunto en Información. La respuesta de la mujer que me atiende es tan natural como sincera: "claro, es que tenemos jornada reducida, los funcionarios también tenemos derecho a disfrutar de la Navidad". Seguramente la Junta de Andalucía, debería ser más previsora, y realizar contrataciones temporales para estas fechas o bien establecer horarios definidos en los Convenios, tal y como se realizan en otro tipo de sectores de la Administración Pública, como los Museos, por ejemplo.

Otra percance que tuve, fue aquel viernes que nos acercamos a las 19:50 a devolver unos libros que teníamos en préstamo y a coger alguno de forma rápida, conscientes de que cierran a las 20:00. Ya nos choca encontrarnos la reja semicerrada, pero aún así entro con mis enanos y al disponernos a bajar, el guarda de seguridad me dice que van a cerrar. Le digo que aún son menos diez y que no tardaré más de 5 minutos. El hombre me deja pasar, llegamos a la sala infantil, les urjo a mis críos para que cojan un par de libros y se los doy a la chica que está en el mostrador, quien con cara de ajo me dice que ya ha apagado el ordenador y que ya no lo va a encender. Eran las ocho menos cinco, así que me planto y digo que me voy a llevar los libros sí o sí, mirando el reloj, así que ante mi obstinación me dice que vaya a la planta de arriba a ver si tengo más suerte. Arriba tuve la fortuna de encontrar a una compañera suya que aún no había apagado el ordenador, así que, todavía dentro del horario permitido, me llevo mis libros, aunque sudando más de la cuenta. 

La última ocurrió el pasado viernes, cuando nos encontrábamos allí, sentados en una de las mesas,  disfrutando de la lectura. La biblioteca estaba enterita para nosotros, ya que en ese momento éramos los únicos usuarios junto a un par de chavales que, al fondo trabajaban absortos en sus cosas. De pronto, la mujer del mostrador, se dirige a ellos, y sin venir a cuento, les pregunta por su edad.

 - Catorce años-. Dicen ellos. 

- Pues os tenéis que ir a la de adultos, esta es para menores de catorce años-. Responde algo rancia la encargada.  

- Pero si tenemos catorce años... y además estamos haciendo un trabajo, es que arriba no nos dejan, y además está llena.

- Ese no es mi problema, tenéis catorce años y no podéis estar aquí.

Los chavales me miran buscando cierta complicidad, pero educadamente recogen y se van. Yo me quedo allí pensando, y reconozco que tardé en reaccionar, quizás demasiado. Al final, tras darle muchas vueltas, subo arriba y pido el reglamento de la biblioteca, otra mujer me mira sorprendida y me señala un decálogo de normas básicas colgado en la pared. 

-Ya- Le digo. -Y también he visto la ley 16/2003 del Sistema Andaluz de bibliotecas y centros de documentación. Pero ahí no dice nada de la edad mínima para entrar en la biblioteca infantil-.

(Sí, ya sé, su cara de asombro es como la vuestra ahora, no me toméis por pedante, antes de subir había buscado en internet la norma por si decía algo al respecto, son pequeños recursos que luego uno utiliza de la mejor forma posible...).

La mujer me explica que el carnet infantil es hasta los 13 años y que cuando se cumplen los catorce, pasas al carnet de adulto, momento a partir del cual dejas de tener acceso a la sala infantil.

Bueno, quizás la norma general esté bien, es posible que si la sala estuviese llena tendría sentido haberles pedido que la abandonasen, puede que si estuviesen armando follón o comportándose de forma incorrecta mereciesen ser expulsados. Pero, estando la biblioteca vacía, y viéndolos trabajar de forma tan aplicada, ¿qué ganaba echándolos? ¿y los chavales? En el mejor de los casos, aquellos chicos se fueron a casa de alguno de ellos y terminaron el trabajo, pero también es posible que saliesen de allí y prefieriesen quedarse paseando por la calle, sin hacer nada mejor... quién sabe, puede que siendo la hora que era, les diese por probar a irse de botellón, donde seguro conocían a alguien...

Por suerte, tengo una anécdota que me encanta contar. Un día, como de costumbre, llegamos a devolver los libros y a sacar otros tantos. Hacía algunas semanas que no íbamos porque habíamos tenido varios eventos, lo cual significaba que se nos había pasado el plazo reglamentario para la devolución de los libros, con la penalización que ello conlleva.

Nos acercamos al mostrados, y mi rubia de 7 años devuelve sus 5 libros y entrega al encargado, inocentemente, otros tantos libros, con la intención de llevárselos. 

Al pasar la tarjeta, el funcionario le comenta: - ¡Pero bueno! ¡Has tardado un montón en venir! ¡Ahora no puedes sacar libros hasta dentro de tres semanas!

Mi chiquitaja, que no entendía nada, sólo preguntó: - ¿Entonces esta semana estoy castigada sin leer?-.

- Anda, trae para acá que vamos a hacer magia-, le dice el hombre guiñándole un ojo.

Seguidamente, mientras teclea y mira a la pantalla, me dice, - Sólo faltaba que castigásemos a un niño sin leer libros. Esto lo arreglo yo en un periquete. Eso sí, a usted le tengo que regañar por haber estado un mes sin traer a su hija por aquí-.

Reconozco que siempre llego tarde y reacciono a destiempo, pero ahora me gustaría haberle pedido su nombre y haberle hecho una foto, porque este hombre se merece un reconocimiento público, no por hacer una pequeña trampa para que mi hija se llevase tres libros, sino por entender la filosofía de una biblioteca, por prestar un servicio público de forma vocacional, por saber adaptar la norma a las circunstancias, por tener sentido común y sensibilidad y sobre todo, por no dejar que una niña pequeña pierda la ilusión por algo tan hermoso y necesario como la lectura.

No se trata de hablar funcionarios, ni tampoco criticar tal o cual Administración. Es cuestión de no ser más papista que el Papa, de tener algo de juicio, de no dejarse llevar por la rutina,de tener más empatía, de hacer bien nuestro trabajo, o quizás y sólo quizás de poner una sonrisa a nuestro día a día... porque como decía Alan Alexander Milne, escritor de cuentos infantiles, "Un poco de consideración, un pequeño pensamiento hacia los demás, hace que todo sea diferente”... 



martes, 26 de mayo de 2015

Porque el fútbol también tiene héroes

Hoy pienso que por culpa de algunas noticias que descubro, como cuando un árbitro todavía imberbe sufre una agresión a manos de un padre que tiene más de salvaje que de padre, o veo esos gestos más propias de barriobajeros que de futbolistas de primer nivel, me dan ganas a veces de exiliar al fútbol de mi vida y dedicarme exclusivamente a otros deportes que, sin duda me parecen más sanos y ejemplares.

Sin embargo, ya lo decía Alejandro Dumas, "todas las generalizaciones son peligrosas, incluida esta" y el fútbol no es una excepción, porque el fútbol también tiene mucho que dar y mucho que decir. 

Fue hace ya algún tiempo cuando descubrí a Carlos Matallanas, periodista deportivo del que no sabía nada más que su nombre, de hecho cuando leía algo suyo en elconfidencial.com pensaba que era su hermano, Javier Matallanas, también periodista, con más años y experiencia en el mundo del deporte.

Sin embargo, un día, me quedé parado al leer el título de su blog: "Hola, soy Carlos Matallanas y me acaban de diagnosticar ELA". Fue entonces cuando empecé a navegar buscando más información sobre él, descubriendo que Carlos era el hermano pequeño de Javier, un chaval que había hecho sus pinitos en el mundo del fútbol, y que incluso seguía jugando a nivel amateur en un equipo de tercera división y que ahora, al igual que su hermano mayor, se había metido de lleno en el periodismo deportivo. 

A partir de ese post, comencé a seguirle, un poco por curiosidad y sobre todo por admiración. Era increíble ver con qué objetividad narraba su propia historia, una historia de la que él, desde el primer momento, ha sido consciente de que no va a tener un final de Disney. Y sin embargo ahí estaba, echándole coraje y sacando fuerzas para contar su historia con el fin de dar a conocer una enfermedad tan cruel como extraña y caprichosa.

Día a día Carlos ha ido describiendo cómo la maldita enfermedad se va apoderando de su cuerpo y de su vida y, sin embargo, él sigue luchando. No niega la realidad ni habla de sueños inalcanzables, pero no se resigna a dejar de vivir los días que le quedan. 

Estamos hablando de hace tan sólo 8 meses, y sin embargo, hoy Carlos ya ni siquiera puede hablar. Pero sigue escribiendo y sobre todo, sigue viviendo, en el sentido más amplio de la palabra. Sigue disfrutando, sigue trabajando y sobre todo, sigue luchando, como hacemos todos, desde que se levanta hasta que se va a la cama.

Y entonces aparece Fernando Torres, amigos desde la infancia y compañero de goles del hermano de Carlos, cuando siendo un chaval ambos se iniciaban en este deporte, ha estado desde el primer momento al lado de Carlos, en la intimidad, como los amigos de verdad. Carlos nunca le ha pedido nada, y sin embargo, fue Fernando el que le propuso realizar un proyecto, una entrevista muy especial. 

No es Fernando Torres persona muy dada a los focos y a mostrarse abierto contando su intimidad, pero sin embargo, la ocasión merecía la pena y así se lo hizo saber a Carlos, quien agradeció el gesto de su amigo, para así, que todo el mundo sepa más de esta enfermedad, y de camino, aunque es lo de menos, descubrir a dos grandes personas.

Citaba antes a Alejandro Dumas para alertar del peligro de generalizar, pero me quedo con esta frase del propio Carlos: "Modestamente, les invito a que no vuelvan a generalizar en esto ni a infravalorar el deporte o el fútbol en sí mismos. Lo practiquen o no, sean aficionados o lo detesten, conviene no poner etiquetas tan dañinas e incompletas. La facilidad para discernir que este era el momento de hacer lo que ha hecho respecto a mi enfermedad es una virtud de Fernando Torres, futbolista".





Aquí os dejo el vídeo de la entrevista, yo mientras tanto, seguiré leyendo a Carlos, esperando que siga escribiendo mucho tiempo, y aunque él no le guste hablar de milagros, seguiré esperando un milagro, ¿quién sabe, Carlos? Puestos a creer en milagros, quién mejor que un luchador como tú para ser su protagonista. Y también seguiré viendo a Fernando jugar el fútbol, pero de ahora en adelante lo veré con otros ojos, lo apreciaré y lo admiraré no sólo como futbolista, sino también como persona, porque el fútbol también tiene héroes...

sábado, 16 de mayo de 2015

De 20 miradas perdidas

Hoy pienso que el pasado martes era un día importante, el Barça se jugaba el pase a la final de la Champions y yo tenía una tarde complicada y cargada de compromisos que quería rematar viendo el partido con los amigos. 

Dos días antes, Jorge Pastor, periodista, artista y, en los ratos libres amigo, me mandó un mensaje claro y directo, sin preguntas, así a bocajarro: "dime donde te recojo el martes a las 20:30 para ir a la inauguración de mi exposición".

Mi primera reacción fue soltar una sonrisa incrédula, era la tercera vez que me invitaba y siempre me había pillado liado con otra cosa, ¡otra vez era imposible!. De forma espontánea y algo resignado le contesté que, una vez más, me era imposible que lo dejábamos para otra ocasión, que seguro que habría más.

Sin embargo, durante un rato estuve dándole vueltas al asunto, realmente este Jorge es un tío obstinado y tras seguirle en las distintas redes sociales, estaba seguro de que su exposición tenía que merecer la pena, si no, seguro que no insistiría tanto. Finalmente conseguí aparcar otro evento previsto para esa tarde y hacer de tripas corazón perdiéndome el reencuentro de Guardiola con su querido Camp Nou.

La exposición tenía lugar en Linares, y Jorge se ofreció gustoso a llevar su coche, a las ocho de la tarde, con él de chófer, guía y amenizador del trayecto, contando anécdotas varias, propias de un corresponsal como él, de los que viven con pasión cada minuto de su trabajo y cada renglón de sus artículos. Ahí es cuando uno se da cuenta de que cuando Jorge enfoca el angular, el resultado no es una mera instantánea, sino un relato lleno de palabras invisibles.

El garito no podía ser más ideal, "La Galería" se llama, un café vestido con gusto, relativamente nuevo, y regentado por Agustín, un tipo con arte y con algunas exposiciones ya a sus espaldas, aventurado ahora en la arriesgada tarea de dar a conocer el arte de la tierra, una labor tan bonita como difícil.

Una vez allí, me esperaban 20 retratos distintos, cada uno único y diferente, donde su protagonista habla por sí solo. Sin embargo, tuve el privilegio de asistir a una explicación de su propio autor, y así, Jorge fue describiendo la pequeña intrahistoria de cada foto consiguiendo que, al terminar y echarle de nuevo un vistazo a las instantáneas, fuesen ellas las que te siguiesen contando, hablando, susurrando...

Y como siempre suele ocurrir en estos casos, lo mejor de todo la compañía, ver allí a un genio del arte como es Belin, corriendo sin aliento detrás de su renacuaja y más preocupado por la exposición que su propio autor, no hace sino duplicar esa fascinación que ya sentía por él, porque ahora puedo admirarlo como artista y apreciarlo como persona.

También hubo tiempo de conocer gente interesante, como Marga, una chica de Lleida que pasaba por allí por circunstancias de la vida. También pude adentrarme en personalidades como la de Julio Ortega, protagonista singular de una de los retratos de la exposición, un tipo curioso, de esos que podrían estar hablándote toda una noche de su vida y cada minuto podría dar para una novela. Cortador jamonero, torero (que no matador, como él me aclaró), rapsoda, cantaor de flamenco, poeta y currante por necesidad, tuve el privilegio de escuchar algunas enseñanzas de la vida de esas que sólo se aprenden viviendo, y desgraciadamente sufriendo.


Y así acabó la noche, como tienen que acabar estas cosas, con un  botellín de cerveza fresquito entre las manos y hablando de sentimientos y de vivencias rodeado de 20 retratos que, incluso allí, de fondo, seguían contando cosas. Lástima que a esa misma hora estuviesen en Munich pegando patadas a un balón y esta exposición no tuviese todo el relumbrón que merecía. Aún así, a los que os pille cerca, os recomiendo que os acerquéis a Linares, en el Café La Galería y degustéis las 20 miradas perdidas con las que Jorge quiere que encontremos la nuestra...

martes, 28 de abril de 2015

¿Pudiste sentirlo, Lucas?

Hoy pienso que quiero darte las gracias, querido Lucas.

Hace un año escribía aquí mismo mi primera experiencia corriendo la Rock&Roll Maratón de Madrid. 

Entonces describía mis sensaciones, la ilusión previa a la carrera, el sufrimiento durante el trayecto y el gran orgullo de traspasar la meta. Hablaba de la gran organización, de las miles de personas que no dejan de animar a todos los locos que se calzan las zapatillas y me acordaba sobre todo de mi angelito Leticia y de mi hermano, sin el cual no habría sido capaz de terminar aquella aventura.

Un año después todo pintaba parecido, misma ciudad, mismo recorrido y mismo hermano, quien una vez más, estaba allí esperándome el día de antes con la mismas ganas y quizás incluso más ilusión, y es que no deja de sorprenderme su dedicación y su ánimo, ese que me hace sentir durante la carrera como si yo fuera el que le acompaña a él en esta aventura. 

Hasta ahí todo similar,  es cierto, sin embargo, en realidad todo era distinto. Esta vez me acompañaba Ana, mi fiel escudera, que se iniciaba como corredora con los 10 km. El reto tampoco era el mismo, ahora no me bastaba con acabar, quería mejorar mi marca personal. Pero sobre todo, desde hace un mes, nuestra carrera tenía un nombre particular y muy especial, el tuyo, Lucas.

Ana y yo teníamos un gran reto por delante y nos faltaba un punch, ese impulso que nos ayudase a no desfallecer cuando nuestras fuerzas flaqueasen y qué mejor que utilizarte a ti, como inspiración, un pequeñajo de edad y cuerpo pero grande de corazón, de energía y de fortaleza.

Y así llegó el domingo, mi carrera empezaba a las 9:00, y el tiempo no acompañaba. Esta vez el hombre del tiempo lo había clavado y las nubes presagiaban lo peor. Me puse mi camiseta impresa con tu nombre, mis zapatillas multicolores y empecé a correr.

Los primeros kilómetros pasaron rápido tratando de coger el ritmo, evitando codazos y vigilando tropezones. Poco a poco me fui centrando, las calles despertaban lentamente y a pesar de que la lluvia asomaba ya de forma tímida, la gente empezaba a espolearnos. Fue ahí cuando, sorprendido, escuché tu nombre por primera vez: -"¡Ánimo Lucas!"-, me pareció oír  mi izquierda. Miré y vi a una chica que me aplaudía sonriendo. ¿Pudiste sentirlo, Lucas?. 

No debieron pasar ni doscientos metros cuando volví a escuchar otro grito de ánimo, -"¡Venga, Lucas!"-. Volví a sonreir y a dar las gracias levantando mi dedo pulgar. Los ánimos siguieron sucediéndose, aunque seguro que ya lo sabes, porque podías sentirlo, ¿verdad Lucas?  

Debió ser por el kilómetro 15 cuando me los topé por primera vez, para entonces mi hermano ya me había encontrado un par de veces, pero esta vez delante mía, dos chavales me decían, -"Venga, por Lucas, campeón, que te seguimos!"-. Les sonreí mientras trataba de fijarme en su cara, por si me eran conocidos, ya que ese saludo fue algo distinto... Los aplausos y alientos se fueron sucediendo a lo largo de la carrera, pero lo curioso es que cada 5 kilómetros me encontraba a esta pareja, dos tíos jovenes, que me animaban como si me conociesen... o más bien como si te conociesen a ti. -"¡La cuarta, tío, ánimo Lucas, nos vemos en 5 kilómetros!"- ¿Pudiste sentirlo, Lucas?

Fue en el kilómetro 37 cuando me acerqué a ellos mientras me decían sonrientes, -"¡esta es la sexta vez que nos vemos, ya queda poco, por Lucas, vamossss!. Me acerqué a ellos, les choqué la mano y les dije con el poco aliento que ya entonces me quedaba, - "en la meta nos vemos, os debo un abrazo"-. 

Y fue a falta de cuatro kilómetros cuando noté las fuerzas flaquear, me costaba encontrar el aliento y ni siquiera mi hermano, que se desgañitaba gritando y corriendo a mi lado durante unos metros, lograba hacerme recuperar el ritmo. Sentía las gotas de lluvia como granizos en mi cara y mis brazos congelados se movían inertes. Entonces volví a escuchar tu nombre entre aplausos: -"Ánimo, Lucas"- . Y fue cuando me viniste a la cabeza. ¿Pudiste sentirlo, Lucas? 

Eres un ejemplo, un renacuajo como tú, de tan sólo 4 años, que es capaz de mantener su sonrisa, de luchar en silencio contra esa maldita enfermedad llamada cáncer, de seguir haciendo felices a sus padres cada día, de tener ganas de jugar, de vivir, de llorar, de cantar... y todavía con fuerza para regalarme su energía. Gracias por sentirlo, Lucas.

Gracias Lucas, porque estoy seguro que, desde tu camita, esa que pronto cambiarás por el patio de la calle, pudiste sentir los cientos de gritos que cantaban tu nombre, mientras tu fuerza aliviaba mis calambres y me tapabas la lluvia. Pudiste sentirlo ¿verdad, Lucas?

Gracias por el hálito que me regalaste, porque aunque fuerza te sobra, no debes compartirla, tienes que guardarla para ti, sólo por si las moscas.

Y así, en confianza, permíteme un sólo reproche, aunque me duelen las piernas, los brazos, la espalda y hasta el cuello, las mayores agujetas las tengo en el dedo gordo de mi mano, de tanto agradecer a la gente su aliento... y tú tienes la culpa, querido Lucas.

Gracias Lucas, por dejarme ser tu amigo, por ser mi referente y sobre todo, por tener tanta garra y valentía, porque mi carrera de ayer no es nada comparada con la tuya. Aunque Lucas, te diré algo, sé tu secreto, cuentas con una gran ventaja, tu padre, tu madre, tu hermana y toda tu familia. Porque al lado de ellos, que tanto te quieren, que tanto te miman y que tanto te apoyan, ¡la medalla de oro la tienes asegurada!

Nos vemos en la próxima carrera, Lucas, pero esta vez, tú me animas.




jueves, 16 de abril de 2015

Dos más dos no son sólo cuatro

«Libertad es la libertad para decir que dos más dos son cuatro. Si eso está asegurado, todo lo demás le sigue.»
1984

Hoy pienso que fue Platón el que fundó la Academia en 388-387 a. de C. en honor al héroe Akádemos, esta institución se puede considerar la primera Universidad de Europa, porque no sólo se daban clases de Filosofía sino que también se enseñaba Matemáticas, Ciencias Físicas y Astronomía. 

Platón no sólo dirigía la Academia sino que también daba clases; mientras sus discípulos tomaban notas, Platón hablaba, disertaba, incitaba al debate e invitaba a pensar. Amistad y diálogo eran sus máximas. Las mismas que las de su gran maestro, Sócrates, y las de Aristóteles su discípulo más aventajado.

Casi dos mil años después, fueron los humanistas, en el Renacimiento, los que volvieron a darle a la educación un papel fundamental en la sociedad, en los chicos y su docencia residía la base del progreso, y esta tenía que empezar por el respeto al niño, oponiéndose a la enseñanza escolástica y a la severidad en la disciplina. Aspiraban a desarrollar en ellos la curiosidad y el interés por los conocimientos y a partir de ahí, que ellos mismos se preguntasen el por qué de las cosas, tratando de buscar la causa, ganando conocimientos por el camino.

Dos grandes sociedades, ricas en todos los aspectos, partían de mimar el pensamiento y la creatividad desde la infancia.

Y llegamos a nuestra sociedad. Hoy leo el nuevo borrador del Real Decreto que desarrolla la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa) es decir, lo que viene a regular la educación de nuestros niños, o también, el futuro de nuestra sociedad.

No soy un profesional de la docencia, así que no he querido entrar a fondo en la misma, que seguro que tiene muchas cosas buenas, sin embargo, me quedo con una cosa, que la selectividad sea tipo test. Las preguntas serán de opción múltiple con cuatro alternativas distintas y respuestas por completar. Bueno, al menos tendrán que escribir algo, para el apartado de "expresión escrita", y es que valorar la expresión escrita mediante un tipo test sería ya tratar de cuadrar el círculo.

Los tipos test son para lo que son, pero desde luego, cualquier docente, y me atrevería que todos los que han sido estudiantes, estarán de acuerdo conmigo que un examen tipo test supone una gran limitación. Primero por la propia forma de aprender, sin necesidad de improvisar y sin oportunidad de demostrar la propia sapiencia. Por otro lado, elegir una opción de cuatro distintas que ya vienen dadas, supone también, para el profesor, acotar la evaluación e ignorar los verdaderos conocimientos de un alumno.

No, no es lo mismo explicar por ti mismo un poema de Rafael Alberti, como me pasó a mi en la Selectividad, con sus recursos, sus metáforas y la propia interpretación que uno percibe y siente al leer la obra, que marcar con un asterisco si el autor de "Si mi voz muriera en tierra" es  Góngora, Shakespeare, Alberti o Vicente Aleixandre y si el recurso literario del segundo verso es una aliteración o una onomatopeya.

Vale, me dirán algunos, en literatura quizás estés en lo cierto, pero para matemáticas es más útil un tipo test, porque dos más dos son cuatro... esa frase me suena... y es que si nos paramos a pensar, en realidad, no, es igual resolver un problema matemático, exponiendo todo el proceso y el desarrollo que has seguido, que marcar con un círculo el resultado. La capacidad de razonar y los pasos seguidos también dan muchas pistas sobre el nivel del alumno, es más, un problema puede estar bien desarrollado y, sin embargo, por un pequeño error, equivocar un 3 por un 5 y que el resultado sea erróneo. Sin duda, ese alumno merecería aprobar, sin embargo, con un examen tipo test no tendría esa oportunidad.

Esta es la sociedad resultadista en la que vivimos. Poco importa la limpieza, la caligrafía, la redacción, la lógica empleada, la creatividad del alumno, su imaginación, su propio pensamiento y su criterio, en general, el desarrollo de su propia personalidad. Ahora todo se resume a una A o una B, porque las respuestas ya nos vienen dadas, mejor así. Dos más dos son cuatro, lo demás sería complicarnos la vida, no vayamos a cuestionarla.

Imagino que el siguiente paso será permitir que junto a la respuesta del tipo test, se pueda poner un emoticono para explicar nuestras sensaciones... Ahorraríamos aún más en palabras y una simple carita amarilla describiría nuestras sensaciones.

Qué casualidad, fue el propio Aristóteles, el discípulo de Platón, el que dijo que "la inteligencia no sólo consiste en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica", porque dos más dos no son sólo cuatro y no deben serlo nunca...

jueves, 9 de abril de 2015

Hasta los cojones de todos nosotros

"Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla"

Hoy pienso que este discurso podría estar escrito hoy día, y sin embargo corresponde a un 11 de febrero de 1873,  y mediante el cual, el Rey Amadeo de Saboya renunció al trono español mientras disfrazaba un retórico "aquí os quedáis, que no tenéis remedio" con este discurso que ni siquiera leyó él. No cabe duda de que era un tío educado, puede que gafe, como afirma Eslava Galán, pero educado.

Volviendo hacia atrás, lo más curioso es que tras la revolución del 68 y la salida forzosa de Isabel II, nuestro Parlamento se planteó cómo rehacer nuestro Sistema gubernamental,  República, Monarquía tradicional, Monarquía sin Rey (?) e incluso Anarquía (??) pedían algunos.Y así, tras barajar distintas opciones se optó por la calle de enmedio, algo así como el "café para todos" de 1978. Ni República ni Monarquía hereditaria, mejor un monarca que venga de fuera, sin raíces ni vicios, y que sea elegido por el propio Parlamento, una decisión que no gusta a nadie, pensaron pero que tampoco es la preferida de nadie.Y así tras una votación no exenta de entresijos fuera y dentro del hemiciclo, por fin habemus Rey, y así lo anunció el Presidente de las Cortes: "Queda elegido Rey de España, el señor Duque de Aosta". De forma austera y simplificada, denotando el carácter democrático de la elección y el comienzo de una nueva etapa en España. 

Una etapa que sólo duró dos años, tiempo suficiente para que este italiano, hijo de Rey, se volviese a su casa y nos dejase con nuestra propia historia, esa que vuelve y vuelve a repetirse. Que fuese o no buen rey poco importa aquí, que no supiese quien era Cervantes tampoco. Lo curioso es su visión de la España de entonces,que servía para la otrora España del "qué buen vasallo si hubiese buen señor" y encajaría también en la España actual del "y tú más".

Tras dos años de lidiar contra el nuevo marco que empezaba a dibujarse en el globo, las conjuras de los Carlistas, las aspiraciones de los alfonsinos, las trampas de los republicanos y las traiciones de los que supuestamente estaban a su lado, decidió hacer las maletas y volver a su tierra natal. Y así llegó la ansiada República, esa forma de Estado que para muchos es la panacea. Una república que Emilio Castelar anunciaba "Con Fernando VII murió la monarquía tradicional, con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria, con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria".

Y esa soñada República necesitó menos de dos años de aventura en los que sólo fueron necesarios cinco Presidentes, una dictadura encubierta, dos guerras, una dentro y otra fuera, y una Proclamación del Estado catalán para que todos los españoles gritaran al unísono, "¡Alfonso, vente pa España!".

Era tal la caótica situación vivida durante aquella República que mientras en Sevilla, el Ayuntamiento se autoproclamaba "República Social", Cartagena, justo al otro lado de la península, se declaraba Cantón independiente, así, con un par, hasta con moneda propia, el duro cantonal. 

Sin embargo, cuando uno cree que ha llegado al final del esperpento, siempre hay algo que lo supera, y así, cuando el Cantón independiente se ve asfixiado por las tropas españolas, solicitan al entonces presidente norteamericano, Ulisses S. Grant, entrar a formar parte de la Unión  como un Estado más. De nuevo, con un par. 

Cuando uno cierra el libro de la historia y coge el periódico, observa a un ex-ministro traicionado por la propia Ley que él defendió con uñas y dientes, un ex-consejero acusado de corrupción que alega en su defensa ser un simple e ignorante maestro, unos partidos políticos donde sus miembros se lanzan pedradas entre ellos, mientras esconden la mano delante de la cámara, otros partidos donde ya ni siquiera esconden la mano y al de siempre, al incansable Artur Mas en la Universidad de Columbia parafraseando a Obama con su famoso "Yes, we can", al más puro estilo cantonés de Cartagena, uno no puede sino recordar aquella famosa frase de Estanislao Figeras, precísamente durante aquella terrible primera República y la hace suya con todas las letras: "Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!".

miércoles, 1 de abril de 2015

No sólo de portátiles aprende el niño

Hoy pienso que hoy publica El País un artículo dedicado a una familia que ha estado cerca de 5 años luchando por la salud mental y física de su pequeño, un niño con un problema... que es superdotado. 

En ese afán por luchar contra la discriminación y fomentar la integración a través de la discrminación positiva y la implementación de todos los medios y herramientas necesarias para la detección y posterior tratamiento de aquellos niños que ya sea física o intelectualmente se encuentran por debajo de la media, la sociedad, y a través de ella, sus gobernantes, olvidaron un pequeño detalle. Que también hay niños que están por encima de la media, y que esos niños, sin una detección y una atención especial también pueden acabar fracasando en la escuela e incluso en la vida.

En mi caso, mi hijo no es superdotado, pero ya desde pequeño apuntaba maneras. Pequeñas señales que te dicen que es listo, quizás algo más de lo normal. Sin embargo, el miedo a parecer el típico padre coraje que piensa que su hijo es el más guapo y el más listo de la clase te hacen permanecer callado.

Fue al llegar a Madrid, cuando uno de sus profesores nos comentó algo. La facilidad y rapidez con la que leía y comprendía, su agilidad mental y alguna otra característica que, nosotros ya habíamos notado, pero que no sabíamos hasta qué punto podía significar algo más allá del típico niño "avispado". 

Nos propusieron someterlo a los test de inteligencia, y así fue como nos enteramos que, aunque no era superdotado, sí que tenía altas capacidades, algo así como un superdotado a medias, es decir, que en algunas áreas sí que se halla intelectualmente por encima de la media y en otras, en cambio, su nivel es el normal. Tras informarnos de los resultados, introdujeron a  nuestro peque en un proyecto educativo en horas extraescolares y además, iniciaron una adaptación curricular con el fin de que progresivamente fuese integrándose en curso superior al suyo hasta acabar integrándose totalmente a ese, evitando así algún tipo de inadaptación. 

En ese proceso nos mudamos y volvimos a nuestra querida Jaén, esa ciudad de las ocho que componen Andalucía. Al llegar al nuevo colegio, pedimos cita con el Orientador y le explicamos las circunstancias de nuestro hijo, dejándole toda la documentación y su expediente, para intentar que se siguiese el procedimiento que había iniciado en Madrid. 

No soy persona de juzgar a primera vista, pero aquel hombre mayor, tranquilo, que apareció sin papeles, que no apuntaba nada de lo que decíamos y que llegó una hora tarde a aquella primera cita de las 11 de la mañana, porque "se había quedado dormido" no me hizo presagiar nada bueno.

No me equivocaba, tras varios meses sin decir ni mú ni adoptar ningún tipo de medida curricular, volvimos a hablar con él. Su respuesta, de nuevo sin papeles encima de la mesa fue la de "le he hecho algunas preguntas y yo creo que es listo, pero dentro de la media".

- "¿Y entonces el test que le hicieron en Madrid? ¿Y el documento de esa Comunidad donde certifica que sí que es un niño con altas capacidades? ¿Y toda la adaptación curricular que estaba siguiendo allí?-  Mis preguntas brotaban una detrás de otra.

- "Bueno, a estas edades ya se sabe que los niños pueden cambiar mucho". Fue su respuesta, tan profesional como extensa.

De nuevo no quisimos pecar de padres coraje y, siendo profanos en la materia y sin querer nunca desdecir a un profesional, pedimos cita con su tutor para que nos diese su opinión, como profesor y persona que, de forma objetiva pasa 6 horas al día con él. 

- "¿Qué queréis que os diga? Es creativo, inquieto, listo... y claro, al ritmo de la clase se vuelve insoportable, lo coge todo al vuelo y eso hace que se aburra, entonces se pone nervioso, interrumpe..." Yo lo tengo claro, pero tenéis que entender que es el orientador el que manda.

Acudimos a un psicólogo privado, y de nuevo nos confirmó lo que los test de Madrid habían certificado, es un niño con altas capacidades.

En nuestro caso el orientador se empecinó y no quiso salirse de ahí. De nada sirvió acudir a la Delegación de Educación de la Junta de Andalucía, el tiempo corría en nuestra contra, ya que los meses iban pasando y cada escrito y cada entrevista suponían meses y meses de espera. Su actitud era la de ir dejando pasar el tiempo, así, sin discutir... mes tras mes, sin que nada cambiase.

Por suerte, el profesor supo apreciar el problema y le fue dando material extra para que no se aburriese, le dejaba pintar, una de sus grandes aficiones (y casi obsesiones), leer libros que cogía de la biblioteca en horario de clase y le atribuía responsabilidades con el fin de que se sintiese útil y además no molestase al resto mientras hacían ejercicios que él terminaba en cuestión de minutos, y así han ido pasando los años... hasta hoy.

Ahora es nuestra benjamina, con 7 años, la que hemos percibido que tiene las mismas características, incluso potenciadas, que su hermano. De nuevo mostramos cautela, y fue su profesora la que, sin decirle nada nosotros, nos advirtió del tema. Le dijimos que se lo explicase ella al orientador para que no pensase que era cosa nuestra y nos tomase por unos padres obsesionados. Sin embargo, la respuesta del orientador fue la que ya esperábamos. "Es lista, pero claro, es la tercera hermana y está muy espabilada... además nació en enero, y eso se nota... en fin, que no lo veo claro...". Respuestas, de nuevo, muy profesionales.

Sinceramente, no me veo metiéndome en pleitos ni demandas judiciales, no soy tan valiente. No obstante, con trabajo en casa y sobre todo, el esfuerzo de su madre, vamos saliendo adelante y evitando que nuestros hijos se frustren y fracasen.  Sin embargo, siempre me quedará la duda de saber si mi hijo estaría más incentivado y motivado si hubiese seguido aquella adaptación curricular que comenzó en Madrid, ya que, ahora, con casi 12 años, empieza a flojear justo ahí, en las ganas, en el ánimo y en la alegría por aprender, cuando hace 6 años era justo al revés, y ver eso, cuando crees que tenía solución, es muy triste.

Y sí, si alguien me pregunta lo diré abiertamente, por mi experiencia, tan personal como propia, el sistema educativo madrileño funciona bien, muy bien, justo al contrario que el andaluz, que deja mucho que desear. Ya, pero en Andalucía regalan portátiles a los niños, me dirá Susana... sí, pero es que no sólo de portátiles vive el hombre...