martes, 29 de enero de 2013

El machista de Grey

"Leer a Grey es el primer síntoma de maltrato a la mujer"
Rosario Ballester

Hoy pienso que sería demasiado pretencioso por mi parte pensar que mi blog lo lee alguien más que mis cuatro amigos que con cariño y paciencia aguantan mis reflexiones, pero lo cierto es que el viernes fue "mentar la bicha" y alguien salió a dar dos tazas de caldo.

Hablaba yo en mi post de las medidas tan desproporcionadas que se llegan a tomar en nombre de la igualdad y, auguraba que alguien acabaría por obligar a hacer los servicios públicos unisex. Esa misma mañana la Coordinadora del Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía en Huelva, tuvo a bien relacionar la lectura de un best seller mundial, que trata sobre la relación sexual de una universitaria recién graduada y un joven magnate de negocios que hace las delicias de esta chica y, según parece, de toda aquella que se sumerge en la lectura de la novela.

Esta tal Rosario, política de profesión, no se quedó ahí, cogió carrerilla, bebió agua y dejó otra perla, relacionando el uso de los "taconazos" de la mujer como otro síntoma de la violencia de género.

Esta vez ni tan siquiera hablamos de igualdad. Hablamos de un tema tan serio como dramático, la violencia doméstica (ya sabéis que lo de violencia de género es una traducción literal del inglés que no me gusta nada).

Dicen que no hay nada más peligroso que una feminista de izquierdas, ya que la supuesta legitimidad moral de sus ideas progresistas se refuerza con la defensa a ultranza de la igualdad entre sexos y eso, al final, lleva a adoptar como modus vivendi el aforismo maquiavélico de que "el fin justifica los medios" .

Y en eso estamos, una mujer que estudió biología y nunca ejerció como tal, y que imagino que su frustración fue no poder hacer como su colega de estudios, Ana Obregón, y lucir palmito por todas las televisiones, por lo que no le quedó otra que dedicarse a la política. Y ahora, aquí está ella, censurando un libro que seguramente ni ha leído y metiéndose con el tipo de zapatos que se ponen las mujeres.

¿Qué será lo siguiente, que pintarse las uñas es hacer apología del lanocinio? ¿o que el perfume es un arma de atracción sexual masiva?  Bueno, aunque no creo que Rosario lea mi blog, mejor me quedo con esta chirigota y así no sigo dando ideas...


jueves, 24 de enero de 2013

Peluquerías y peluqueríos machistas

Hoy pienso que la más injusta de las desigualdades entre hombres y mujeres es, precísamente, intentar que seamos iguales.

Los hombres y las mujeres, por propia naturaleza no podemos ser idénticos,es más, no debemos tratar de serlo. No me entendáis mal, no me refiero a la discriminación en sí, faltaría más. Me refiero a tratar de homogeneizar al hombre y la mujer, evaporando la esencia de cada uno hasta conseguir al híbrido perfecto. Imagino que el día que eso se consiga, la especie humana desaparecerá.

Esta reflexión me viene a la cabeza tras leer una noticia que me ha dejado perplejo. Y esta vez no proviene de la Bibiana de turno, llega de Finlandia, ese país al que a menudo proponemos como paradigma del sentido común y la sensatez.

Pues bien, ha sido un hombre, el Defensor del pueblo finlandés el que ha advertido a todos lo peluqueros (y peluqueras) que han de poner el mismo precio para todos los cortes de pelo, ya sean de hombre o mujer. Según este iluminado, es totalmente discriminatorio que el precio varíe por la única causa del sexo.

No voy a entrar en la obviedad de que cada uno debería ser libre de establecer los precios que se le antojase, no vaya a ser que me tachen de exacerbado liberal, pero aún así, creo que está más que justificada la diferencia de precio entre los cortes de pelo de las mujeres y la de los hombres por el tiempo y la maña que conlleva cada uno de ellos. Es más, cuando algún hombre pide unas mechas o algo fuera de lo común, se lo cobran igual que a una mujer... de hecho, algo me dice que a Cristiano Ronaldo su corte de pelo semanal no le cuesta 10 €...

Bueno, alguno podría pensar en ese adolescente seguidor de Metallica, con el pelo hasta los glúteos que entra a una peluquería pidiendo que le recorten las puntas... o en esa mujer que con el pelo corto pide un arreglo. Pues creo que, hasta en ese caso, llevaría más tiempo y destreza dejar a la mujer con el mismo peinado que Demi Moore en Ghost que reencarnar al imberbe rockero en el mismísimo Kurt Cobain.

Imagino que para el Ombudsman finlandés sería más justo establecer unos precios estandard, algo así como una lista de precios donde figure con exactitud el tipo de corte de pelo y su tarifa. Corte de pelo a lo Madonna, 15 €.... Laday Gaga, que está más de moda 25 €...

Otra opción puede ser por cantidad de pelo cortado. Al final del corte, se recoge todo el pelo del suelo y se pesa. Tantos gramos, tantos euros. Esto sería menos controvertido que hacerlo por longitud, porque a ver cómo demuestras que llegaste con 17 centímetros de pelo y saliste con 13 y no con 12...

Quizás la mejor solución sea poner un contador, como en los taxis, cobrando por tiempo dedicado al cliente. Sin embargo, podrían empezar las suspicacias... "Oiga señor peluquero, sáltese esa patilla en ámbar y así terminamos antes!" o "No meta mucho la maquinilla por el cogote que ahí siempre se atasca..."

Por la misma razón, supongo que también deberían prohibir las peluquerías unisex, tanto para mujeres como para hombres. Es más, deberían exigir a ese peluquero de barrio de los de toda la vida, que no sale de sus cortes de pelo de cepilllo que haga un cursillo de permanentes y mechas por si alguna mujer quiere nutrirse de sus servicios...

Fue hace mucho cuando vaticiné que acabarían prohibiendo los baños públicos separados... creo que la cuestión no es ya si eso será una realidad o no, sino cuándo y qué país será el primero en hacerlo...

miércoles, 16 de enero de 2013

Contricción a la carta

"Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre, Redentor mío,
por ser vos quien sois, bndad infinita
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido,
también me pesa porque podéis castigarme con
las penas del infierno.
Animado con tu divina gracia,
propongo firmemente
nunca más pecar, confesarme
y cumplir la penitencia que me fuera impuesta,
por el perdón de mis pecados.
Amén"
Acto de Contricción

Hoy pienso que esto de las confesiones ya no es lo que era. Nos educaron de pequeñitos (al menos los que estudiamos en colegio de curas) que no había que pecar, pero que si se pecaba (de pensamiento o de obra, ojo! que todavía me acuerdo) había que arrepentirse, confesarse ante el sacerdote, que ejercía de intermediario ante Dios y cumplir la penitencia impuesta. Era lo que se llamaba el Acto de contricción.

Hace unos días, el Partido político al que pertenece Durán y Lleida, Unió (perdonad si no pronuncio bien el catalá) confesaba y admitía que se había financiado de forma ilegal y llegaba al acuerdo con la fiscalía de devolver el dinero malversado a cambio de que no hubiesen represalias legales ni jurídicas.

Ante esto, el sibarita de Durán, que hace unos años se comprometió a voz en grito a dimitir si su partido era pillado en algún acto de corrupción relativo a la financiación del partido, sale ante los medios, y al más puro estilo Jesucristo, cuenta una parábola para justificar su apalancamiento al sillón y no irse a su casa.

Por otro lado, leo en el periódico que Josep Pujol Ferrusola, el hijo del molt honorable Jordi Pujol confiesa que sí, que tiene dinero en alguna que otra isla paradisíaca donde guardan tu dinero con tanto cariño, pero que es poquito, calderilla... nada "agarrao" que diría algún paisano mío. Y si descubren algo más, "no se preocupen, es que allí hay más gente con mi nombre y apellidos"... me cuesta imaginar la de Pujol Ferrusola que deben andar por las calles de las Islas Caiman soltando billetes...

Cuando uno ya desespera y piensa que en este país no tenemos remedio, de pronto uno pone la radio y se da cuenta de que no es así, bueno, no es que tengamos remedio, ojo, si no que no somos los únicos que no tenemos remedio.

Resulta que Lance Armstrong también ha confesado. No ha hecho falta enfocarle con un flexo y echarle humo en la cara para hacerle cantar, tan "sólo" una serie de evidencias que lo dejaban tan retratado que ni el propio diablo hubiese sido capaz de defenderlo en un juicio sin ponerse colorado.

Desconozco cuál es la causa de este repentino acto de contricción cuando hasta hace dos meses negaba la mayor y aún se paseaba por distintos actos públicos presentándose orgulloso y en tono chulesco al más puro estilo CR7, como el campeón de 7 tours, sin embargo, algo en mi interior me dice que el motivo debe tener muchos ceros...
El caso es que al leer la noticia, no he podido evitar preguntarme qué sentido tiene una confesión a posteriori, es decir, admitir tu error o delito cuando ya te han pillado. Es decir, entiendo que lo haga, pero no entiendo que se le exonere de su castigo por esa razón.

Os imagináis un ladrón de bancos al que pillan con el botín y le dice al Juez "está bien, aquí tienes el botín, negociemos, yo os devuelvo la pasta y me dejáis que me vaya para casa".

O peor aún, un pobre diablo que es pillado por su santa esposa en pleno coito extramarital, y ni corto ni perezoso le espeta: "está bien, negociemos, vuelvo a casa, termino lo que me has pillado haciendo... pero contigo y todos tan contentos".

De una forma u otra, en mi opinión, esto del acto de contricción se está desvirtuando, parece una negociación en pleno mercadillo, en la que el objetivo es que ambas partes salgan ganando, como si lo menos importante fuese el acto cometido. En otras palabras, un acto de contricción a la carta.
Yo por si acaso, tomo nota y me voy preparando la confesión de mis pecados, a ver qué regateo con el de arriba...

viernes, 28 de diciembre de 2012

Seguid siempre bailando

Hoy pienso que llegamos al final de otro año, y como ocurre siempre por estas épocas, nos inundan por todos lados de resúmenes anuales de todo tipo. Junto a clásicos como "lo mejor del deporte" o "la película más taquillera" nos encontramos otras como "la App más utilizada" o "el twitero más seguido"...Es lo que tiene la evolución...

Sin embargo, una que no cambia es la del "personaje del año", esa que nos pone en el dilema de elegir entre el máximo goleador de la Champions y el físico que ha puesto una nueva letrita a un nueclótido desconocido de la secuencia del ADN... difícil elección, no cabe duda.

Sin embargo, estos personajes del año, son guapos, ricos y famosos, como diría uno que yo me sé. Y aunque no dudo de que se lo merezcan, en estos días yo prefiero acordarme de otras personas que con el mismo mérito, no cuentan con tanta fama, belleza ni dinero.

Ahí está Fernando Cáceres, el duro defensa contra el que se chocaban literalmente los jugadores que trataban de regatearle. Hace tres años recibió un balazo en la cabeza mientras trataba de evitar que le robasen el coche (no podía ser de otra manera, nunca permitió que le robasen la cartera ni dentro ni fuera del campo), estuvo en coma y milagrósamente volvió a la vida. Hoy aún en silla de ruedas, da ejemplo de entereza y superación y se muestra dispuesto a volver a andar, con la determinación que siempre le caracterizó. Incluso se deja querer para entrenar a algún equipo español de fútbol.

Todos hemos oído hablar de Nadia, la niña de 7 años aquejada de una enfermedad rara (si os digo tricotiodistrofia sería como si no os dijese nada) que hace que sus pequeños órganos envejezcan más rápido de lo normal. Le ocurre como a Robbin Williams en la película Jack, pero como suele suceder siempre, la vida real no está pintada del mismo color que la ficción, y en este caso, los padres han tenido que costear todas las operaciones necesarias para tratar de alargar una vida que los médicos sentenciaron hace ya más de dos años, y que sus padres se negaron a aceptar.

Estos padres, no se dieron por vencido, lo vendieron todo, la empresa, los ahorros... hasta su cama, y así pudieron ir pagando cada día extra de su vida. Leí el otro día que lo habían perdido todo y que se quedaron sin nada. Qué gran mentira. Siguen teniendo a su lado a Nadia, su sonrisa y su alegría de vivir. Mejor eso que una cama!

Podría contaros más y más casos, hoy ha fallecido una compañera de trabajo, después de dos años de lucha contra el maldito cáncer. Siempre recordaré el día en que mientras comíamos, al hacer un gesto extraño se notó un bultito en el cuello. - Qué raro, me duele - decía. Y así, empezó todo. Aún así, cuando hablaba con ella por teléfono siempre tenía aliento suficiente para no parecer nunca deprimida ni triste.

Tengo una amiga que también ha sufrido un fuerte encontronazo hace unos días, pero estoy seguro de que logrará responerse con esa fuerza que le caracteriza, igual que mi colega "madrileño", que está de bajón por causas más que justificadas, y que sin embargo, ahora más que nunca me hace partícipe de su sensatez y entereza.

En fin, que el mundo está lleno de gente con ganas de vivir, y aunque este año ha sido un mal año para la mayoría, aquí seguimos, y como decía mi amigo canario, cuando yo me quejaba de la música que ponían en un Pub: "Si voy a tener que quedarme en esta fiesta, bailo hasta la Macarena con tal de no quedarme sentado".

Pues eso, luchad y disfrutad luchando, y cuando tengáis motivos para desfallecer, dejad a un lado a los guapos, ricos y famosos y no dejéis nunca de bailar, sobre todo seguid bailando...

viernes, 30 de noviembre de 2012

Para una persona FELIZ

Hoy pienso que hay muchos tipos de personas.

Las hay buenas, malas, crueles, optimistas, tristes por naturaleza, miserables, y algunas hasta indescriptibles.

Yo conozco una persona FELIZ, Mercedes.

Una chica española, que vive en Londres, tan contenta con su trabajo y que por culpa de esa miserable lotería llamada cáncer, tiene que dejarlo todo y volver a España.

SIn embargo, se repone, sin abandonar nunca su sonrisa ni la melodía que siempre le acompaña sobre sus pasos de baile.

Sin embargo, un día, unas personas, de las buenas no, de las otras, deciden entrar en su casa sin permiso y arrebatarle todo, lo económico, lo tangible y también lo intangible, esas pequeñas cosas que van construyendo tus recuerdos y que al perderse, con ellas se aleja parte de tu alma.

Esa mañana, va a trabajar, como de costumbre, porque ella no es de quedarse en casa gustándose en sus propios lamentos. Y allí, en la mesa de su despacho, mientras atiende a un señor extranjero, recibe una llamada de la policía para informarle de que poco más pueden hacer por su caso que levantar el inane expediente.

Su sonrisa, por un instante, la abandona y son las lágrimas las que se convierten en su mejor cómplice en ese amargo momento.

El hombre extranjero, no exige, no se indigna. Al contrario, le pide que le cuente qué le sucede y ella le cuenta toda la historia, el robo, la indefensión y la sensación de impotencia.

Aquel hombre se va... vuelve a su país, pero la imagen de aquellas lágrimas borrando una dulce sonrisa se ha quedado tatuada en su retina y decide hacer algo, ayudarla de alguna forma. Sin embargo no tiene sus datos, no la conocía de nada, tan sólo el sitio donde trabajaba.

Nuestro amigo escribe al director del complejo donde mi amiga trabaja y le explica lo sucedido, y le ruega que le facilite algún teléfono o mail donde ponerse en contacto con ella para poder ayudarle económicamente y así poder empezar de nuevo.

La respuesta del director no se hizo esperar. Indignado por el comportamiento de la trabajadora, solicita su despido inmediato por distraer a los clientes con asuntos personales.

Bueno, en esta historia hay personas de todo tipo, como en la vida, personas crueles, pérfidas e insensibles, pero también las hay bondadosas, compasivas y algunas hasta honestas.

Y luego... luego están esas personas especiales, que por mucho que la vida trate de ensombrecer su mirada, siempre les queda un resquicio de fuerza para regalarnos su algazara y hacernos la nuestra más fácil.

Yo soy de los egoístas, y por eso quiero que Mercedes me siga obsequiando con su felicidad, porque esa felicidad significa fortaleza, valor, tenacidad y energía, sabiendo inventar una bonita coreografía para cada circunstancia de la vida. 

Así que Mercedes, para poder contagiarme un poquito de todo eso que tienes... por favor, no dejes nunca de hacer Adagios a la vida!

jueves, 8 de noviembre de 2012

Con la democracia no se juega

Hoy pienso que por fin las elecciones norteamericanas han terminado.

Para bien o para mal, Obama tendrá otros 4 años para tratar de mejorar su país y de paso, si lo consigue, que también se note al otro lado del charco.

Estas elecciones me han recordado a mis tiempos en aquel país. Y es que, como en otras muchas cosas, esos chicos de USA son muy diferentes a nosotros.

Para empezar allí los de izquierdas son los azules y los de derechas los rojos, un cambio de colores que puede dar lugar a confusión, imagináos a Sabina por las calles de New York exhibiendo su rojo pasión... la cara que se le iba a quedar cuando Mitt Romney lo llamase para cantar en uno de sus mítines...

Igual ocurre con los liberales. Allí un liberal es lo que aquí entendemos por un progresista... esto deberían conocerlo muchos traductores que se dedican a doblar pelis al castellano y que suelen mantener la palabra literalmente, deformando todo el sentido de la frase. Volviendo al ejemplo de antes, Sabina, por las calles de New York tendría que cantar "Yo soy liberal, liberal, liberal" sin miedo a que le saliesen sarpullidos.

Estas elecciones me han traído a la mente mi paso por allí, ya que aún recuerdo cuando formé parte de una campaña electoral, las elecciones a alcalde de la ciudad en que vivía, aunque ni tan siquiera me acuerdo del nombre del candidato para el que trabajé. No fue iniciativa mía, lo reconozco, sino que uno de los deberes que nos ponían en el Instituto era formar parte, como voluntario, de cualquier partido durante la campaña electoral, de forma que todo adolescente conociese el funcionamiento de la democracia, principio esencial para entender su valor y fundamento.

A mi me tocó apoyar a los demócratas, y ni corto ni perezoso allí estuve, en una de sus sedes, varias tardes, en una sala llena de teléfonos, con mis páginas amarillas, llamando uno por uno a los ciudadanos de la ciudad de Toledo (ojo, ciudad de Ohio, no confundir con la capital de Castilla-La Mancha) y preguntando si necesitaban transporte para acudir a las urnas, en cuyo caso, estaríamos dispuestos a recogerlos y llevarlos. Era una forma de hacer campaña, pero también de fomentar la participación y, por supuesto, de ayudar al ciudadano.

Recuerdo también que perdimos las elecciones, y al día siguiente, haciéndole un guiño, le pregunté a un compañero, que conocía personalmente a nuestro candidato,  que cómo estaba nuestro "alcalde", refiriéndome a nuestro derrotado candidato. Él me miró extrañado y me dijo "No lo conozco, pero seguro que se siente orgulloso de ser alcalde, y será un buen alcalde". Fue una buena lección que muchos deberíamos aprender por aquí.

Ayer cuando vi a Mitt Romney felicitar a Obama me acordé de aquella situación, igual que al verlo decir God bless America y contemplar a todo el mundo ponerse en pie al sonar el himno de su nación, traté de imaginar esa estampa en esta nuestra España. ¿Un Rubalcaba reconociendo su derrota, sin excusas o interpretaciones favorables de los resultados, diciendo que rezará para que la suerte acompañe al Presidente y finalmente gritar !Viva España!, segundos antes de escuchar, impertérrito, el himno español? Y justo cuando estaba imaginando la escena, aparece en la televisión nuestro Rubalcaba sacando pecho ante unas elecciones a miles de kilómetros y haciendo suyo el triunfo, afirmando que "la victoria de Obama es buena para el socialismo". Sinceramente, lo de este hombre no sé si es ignorancia supina o demagogia oportunista. Quizás debería leer más a Churchill, quien afirmaba que "la democracia es la necesidad de inclinarse de cuando en cuando ante la opinión de los demás", aunque claro, para Rubalcaba, seguramente el gruñón de Churchill era un ultraderechista redomado.


Y así es, en aquel país, desde que son chiquititos les enseñan lo que es democracia, en el Instituto estudian una asignatura llamada Gobierno, conocen y estudian sus Instituciones Públicas, como prácticas les obligan a colaborar en las campañas electorales y como ejemplo contemplan cómo un derrotado candidato, reconoce y respeta, desde el primer día, al elegido Presidente.

Bueno, ya lo dijo el escritor Chesterton, que por cierto, como Churchill, también  era inglés, no americano: "No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución" quizás por eso en ese país, para algunos tan denostado, pueden presumir de tener una única Constitución desde 1787 y de saber que la democracia es algo innegociable, ni siquiera por movimientos caóticos y absurdos en las plazas de los pueblos o por profetas que asaltan supermercados...

martes, 30 de octubre de 2012

No volveré a correr nunca más...hasta la próxima

“No pude caminar durante una semana, después de tanto que la carrera sacó de mí. Pero fue el agotamiento más agradable que he conocido”
Emil Zatopek



Hoy pienso que ayer corrí de nuevo una media maratón. A pesar de que ya llevo unas cuantas, la sensación previa sigue siendo la misma que el primer día. Nervios y algo de incertidumbre ante el comportamiento de tus piernas, ya que aunque sabes que darás el máximo, nunca tienes la seguridad de que tu cuerpo hará caso a tus propias ganas.

Como digo, la de ayer no fue mi primera media maratón, sin embargo, al terminar recordé la última carrera que había realizado, una maratón de montaña.

Aunque llevo ya casi 4 años corriendo, mi experiencia en todo este tiempo se ha limitado a eso, correr de manera más o menor regular, sin entrenos ni nada por el estilo, sino al más puro estilo Forrest Gump, ya sabéis: “Aquel día, sin ninguna razón en particular, decidí salir a correr. Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué, pensé que tal vez podía correr hasta el final del pueblo. Y cuando llegué…”

Así, cuando hace unos meses me enteré de que había una carrera de montaña, pensé que era una buena oportunidad para intentar dar el salto a la Maratón. Y así, con la imprudencia e insensatez que me caracteriza, me inscribí, me compré una mochila y unas zapatillas especiales y allí me presenté dispuesto a correr mi primera Maratón y además de montaña, pensando que correr por carriles de arena no sería tan distinto que correr por una carretera.

La carrera empezó como esperaba, mucha gente, un ambiente desenfadado y lleno de alegría, lo cual siempre anima. Pronto salimos de la ciudad y nos desviamos hacia la montaña, donde los carriles se fueron achicando hasta forzarnos a ir en fila india. Bueno, es lo que imaginaba, algunos tramos por montaña deben ser así, ya me advirtieron que esto era duro. De momento el ritmo era el adecuado, incluso me preocupaba ir más rápido de la cuenta porque la carrera iba a ser larga.

Cuando ya llevábamos algunos kilómetros en las piernas, llegó el punto de inflexión, aunque entonces no lo sabía. Un desvío, los que corren la media maratón siguen el carril hacia la derecha, los demás, para arriba... ¿para arriba? !Pero si sólo hay rocas! La indicación era clara, te mandaba directamente a lo alto de la montaña con un cartel que decía “Zona técnica”. Ummm, bonito palabro que hasta entonces desconocía y que ya nunca olvidaré.

Resulta que las “zonas técnicas” son aquellas en las que hay que emplear más habilidad que velocidad, es decir, que no hay opción de correr, sino que son zonas rocosas, salvajes o sin un claro camino que seguir, ya sea cuesta arriba o cuesta abajo, y por tanto, la pericia y habilidad del corredor es lo que cuenta.

El caso es que de pronto me vi sólo, corriendo por mitad del monte, entre hiérbajos y piedras, con el único rastro de las balizas que, colgadas de árboles o arbustos te iban indicando el camino.

Imagino que la novedad, el paisaje inmejorable y la propia incertidumbre de saber qué vendría después me hicieron más fácil esos primeros 20 kilómetros, porque aunque duros, no se pasaron tan lentos. Sin embargo, a un kilómetro escaso del primer avituallamiento serio, en el ecuador de la carrera y en pleno descenso, mis cuádriceps se agarrotaron y lo que venía siendo una molestia durante unos cuantos minutos previos se convirtió en un bloqueo seco y repentino que me impedía siquiera doblar las piernas. Afortunadamente el terreno era asequible y aunque la cuesta abajo no ayudaba porque todo el peso se cargaba sobre los pobres músculos del fémur, llegué como pude al avituallamiento.

Al parar para alimentarme e hidratarme me encontré con mi amigo Antonio, un verdadero crack en esto de las carreras Extreme, y supongo que debido a mi aturdimiento, al verlo pensé, “vaya, debo ir muy bien para haberlo pillado”. Seguidamente él me aclaró que, desgraciadamente, se había tenido que retirar por una lesión muscular… En ese momento me reí de mi inocencia, ya que era imposible que yo pudiese haberle dado caza… Lo sentí por él, porque siempre duele abandonar una carrera, sobre todo por una lesion, pero cuando encima eres un cuasi profesional y le dedicas tanto esfuerzo a preparar este tipo de pruebas, joroba aún más renunciar a la meta.

Tras recobrar energías, comencé la segunda parte de la carrera, y a los pocos metros, una primera cuesta arriba algo pronunciada constató lo que ya había percibido, los músculos de mis piernas no estaban preparados para esa paliza y unos primeros calambres me hicieron caer al suelo y pensar en la retirada. “No puedo seguir, lástima” pensé.

Por detrás llegaba otro corredor que al verme paró y comenzó a ayudarme a estirar las piernas. Dándome ánimos me explicó que eso era normal, y que tratase de continuar, porque el cuerpo es caprichoso, y que seguramente en poco tiempo me sentiría mejor. Ante mi sorpresa, este chico decide acompañarme a un ritmo de trote “cochinero”. Leo, que así se llamaba, no dejaba de alentarme, y desde luego, en esos momentos, si él no hubiese estado ahí, seguro que habría dejado la carrera.

Sin embargo, la experiencia es un grado, y tal y como Leo predijo, volví a sentirme mejor, justo en el momento en que nos tocaba subir una montaña por mitad de un corta fuegos, la parte más dura de la carrera y que sin duda fue un varapalo psicológico. El cordobés Leo iba delante, “no mires para abajo”, “vamos, ya queda menos, !respira!” y así conseguimos, sin aliento y casi sin piernas, llegar arriba.

Lo cierto es que mi ritmo fue in crescendo, y esta vez fue Leo el que me pidió que lo dejase atrás, yo a él, ya que una torcedura de tobillo le hizo bajar el ritmo y en ese plan prefirió no forzar “tira pa´lante ahora que has cogido ritmo sino te vendrás otra vez abajo” me dijo.

Llegué a los 30 kilómetros, sólo, por barrizales debido a las lluvias de días anteriores y divisando unos paisajes indescriptibles, cuya belleza sólo se difuminaba por el desgaste físico que estaba sufriendo. Fue entonces cuando, de nuevo bajando, sufrí otro calambre. Esta vez no pasaba nadie que me ayudase, quedaban poco más de 10 kilómetros y estaba en mitad de la nada, no había posibilidad ni siquiera de retirarme, al menos hasta el siguiente punto de avituallamiento.

Me incorporé como pude, y seguí bajando con dos palos tiesos en lugar de piernas y entonces divisé dos voluntarios. Estuve tentado de decirles que lo dejaba, pero entonces pensé que aquella era una oportunidad única de vencerme a mi mismo, de superarme y me dije, en voz alta  “si consigues llegar hoy, podrás conseguir lo que te propongas”. Por suerte seguía solo y nadie me oyó hablarme a mí mismo, pero el caso es que funcionó y conseguí reponerme y continuar la carrera.

A partir de entonces no dejé de animar a mis cuádriceps, especialmente al izquierdo, que era el más tozudo, y con frases como “venga, bonita, que queda poco” o “venga joder, no nos dejes tirados a tu hermana y a mi” y otras tonterías que se quedarán sólo para nosotros... hata que conseguí llegar al km. 38…

En ese momento y en mitad de unos olivos, de nuevo los calambres se hicieron insoportables (literalmente) incluso llegué a llorar no sé si de dolor o de rabia, por ver la meta tan cercana y que mis piernas me dejasen tirado tan cerca de la meta.

Entonces dos corredores que me dieron caza de nuevo se pararon y me ayudaron. Con algo de estiramientos y un poco de masajes me puse en pie y comencé a caminar. “Venga, vamos andando, que al menos así llegas”. Me quedé tan alucinado de que aquellos dos granadinos dejasen de correr para acompañarme y conseguir que llegase a la meta que mis piernas reaccionaron y aunque lento, les pedí que no dejasen de trotar por mi culpa.

Es raro esto del organismo, porque curiosamente a falta de 2 km. me empecé a encontrar bien otra vez, y así conseguí incluso hacer un pequeño sprint en los metros finales, lo cual me ayudó a quedar como un héroe ante mis chiquitines que me esperaban allí, en la meta, vitoreando mi nombre…

Y así fue mi primera experiencia en una maratón de montaña. Donde aprendí muchas cosas, por un lado uno se conoce más a sí mismo, llega donde cree que nunca llegaría, y aunque los que me conocen saben que para bien y para mal, a cabezón y picapino no me gana nadie, el esfuerzo y la superación sirven para conocerte más a ti mismo. Cuando uno está allí, en el silencio de la montaña y con el único motor de tu respiración, son muchos los pensamientos que se intercambian tu cerebro y tu corazón fluyendo sentimientos y mezclándose con recuerdos y pensamientos.
Sin embargo, lo que más me impresionó de aquel día fue descubrir tanta generosidad y tanta solidaridad por parte de otros participantes, que desde luego, te hacen ver el mundo de otra manera. Existe la amistad incluso entre personas que nunca se habían visto antes. Existe la caballerosidad, el desinterés y el altruismo, y así, cuando llegas a la meta y te crees John Rambo, porque verdaderamente no sientes las piernas , es entonces cuando hallas una alegría interior por lo que has conseguido, porque has triunfado y sobre todo, porque en un deporte tan individual y solitario como éste, eres consciente sólo lo podrías haber conseguido con toda esa ayuda que recibiste de tus compañeros.

Terminé tan exhausto que en la línea de meta dije exactamente lo mismo que Grete Waitz cuando ganó la maratón de Nueva York: “Nunca correré esto de nuevo”... Por cierto, Grete Waitz, ganó 8 maratones más de Nueva York...