domingo, 16 de enero de 2011

La bondad

Hoy pienso que he conocido la bondad.

Claro que sí, yo la he visto, tiene dos ojos negros, chiquititos pero brillantes , una boquita sonrosada que siempre sonríe, a veces tímidamente y otras en cambio inundada de carcajadas que rompen como olas de mar.

La conocí hace 5 años y desde el primer día supe que era ella, porque a pesar de tener derecho a todo, nunca quiso hacer ruido, supongo que para no molestar.

Morenita, dulce y mimosa, nunca la he visto protestar.

Me gusta mirarla cuando nadie la ve, siempre escuchando, atenta a lo que los demás hablan. No dice nada y me pregunto qué pasará por esa preciosa cabecita, ¿qué pensará?

¿Por qué sé que es la bondad? Por su inocente forma de mirar, por su ternura tan maternal y sobre todo, por su madura forma de amar.

Nunca deja de sorprenderme cuando un niño le pide que comparta su chuche preferida y ella, la bondad, sin pensárselo, le ofrece la mitad.

Sus pupilas brillan, viendo princesas desfilar por la pantalla, y sueña a ser como ellas, pero cuando su corazón se hace aún más grande es cuando tiene cerca un bebé al que cuidar.

Un día por la calle, vio una mujer pidiendo en la puerta de una iglesia. Denunciando mi ególatra indiferencia me miró y susurró: "si tú tienes tantas monedas, ¿por qué no le das alguna a ella que no tiene?. Mi rubor sólo se aplacó con la infantil visión de su inocencia, la inocencia de la bondad.

Por la noche, me sorprendo mirándola mientras duerme, y allí está ella, tranquilita, la bondad. Y me siento tan afortunado de tenerla tan cerca que mis ojos dibujan pequeñas gotitas de felicidad.

¿Por qué sé que es la bondad? Porque con sólo verla soy mejor persona, y porque a su lado siento lo que es amar de verdad.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Se te ha olvidado decir que además es alegre, dulce, mimosa, muy lista y preciosa toda ella.
Y el miedo que nos da que no es sólo nuestra.

Anónimo dijo...

El día de Reyes que iba con su prima, alegres y con la mente puesta en ver a los Reyes Magos, nos cruzamos con una anciana de pelo cano recogido, vestido oscuro, mirada al suelo, quizás por una apreciable chepa, con una garrota que a cada paso se notaba que soporta peso. En definitiva, una anciana de las de hace 30 o 40 años, que podiamos encontraralas en cualquier pueblo de España.
Era tal la fragilidad que mostraba, que esa niña, se olvidó de los Reyes Magos, se soltó de la mano y se giró y le dijo adios gesticulando a la vez con las manos.
Mientras me reia, me preguntaba porque ese gesto expontáneo a esa mujer y no otras muchas que había por la calle.
Viendo que me reía y adivinando encima mi pensamiento, me exclamó:
"No te rias. Estoy saludando a una abuelita".
Por las condiciones de la mujer, no creo que se enterase, pero le habría alegrado el día y creo que esa fue su intención.
Creo que esta anécdota
recoje los calificactivos de Anónimo.

Anónimo dijo...

Estas cosas son las que te hace pensar que vivimos demasiado deprisa y a veces se nos olvida disfrutar de los pequeñajos que tenemos a nuestro alrededor...me alegro de ser una de las personas que, aunque sea de vez en cuando... disfruto de esta princesita

Anónimo dijo...

Es pura magia.
¿Os acrodáis del extraño comportamiento en Murcia de aquella gata cuando ella era solo un bebé? Parecía cuidarla como si supiese que era muy especial...

Anónimo dijo...

En fin que o santa o monja, no me mola, no. Le van a dar mas palos...

jose dijo...

ana me ha comentado q se le saltaron las lágrimas cuando leyó el texto y no es pa menos. me ha encantao

pino dijo...

Lo mejor es que todos tenemos en casa, de una u otra forma a la bondad, a la inocencia, a la generosidad, a la alegría... lo bonito es saborearla cada día y aprender de ellos, porque son unos auténticos maestros de la esencia de la vida.

Anónimo dijo...

hola