lunes, 11 de septiembre de 2017

He dicho democracia

Hoy pienso que recuerdo un vídeo viral de esos que mandan por wassup en el que un niño enfurruñado estaba empeñado en comerse un helado de fresa. Sentado en el suelo, su madre le explicaba que en la heladería no quedaban de fresa, que se levantase y eligiese otro de cualquier sabor. El niño, encabezonado con los brazos en cruz, se mantenía firme en sus convicciones, poco importaban las explicaciones de la camarera y de su madre, que agotada, le conminaba a elegir otro sabor:

- "¿Lo quieres de chocolate?" Le decía la madre

- "No, ¡he dicho de fresa!" Respondía rápidamente el niño con la mirada orgullosa hacia el suelo.

- "¿Lo quieres de menta?" Insistía.

- "No, ¡he dicho de fresa!"

- "¿Lo quieres de nata?"

- "No, ¡he dicho de fresa!"

- "¿Lo quieres de fresa?"

- "No, ¡he dicho de fresa!"

Y así el niño cayó en su propia trampa, era tal su obcecación y tan irracional su empecinamiento que ni siquiera escuchaba lo que su madre le decía. Seguramente, con el Juez Calatayud el niño se habría quedado sin helado y seguramente sin cena.

Con el "prusés catalá" está pasando igual. Tanto pedir la independencia, que al final su petición ha llegado al absurdo. Hasta hoy, su principal argumento era el triunfo de la democracia. Entendida como el derecho de los catalanes a decidir su propio futuro. Poco importaba que el resto de los españoles tengamos también algo que decir en el futuro de una parte de España, por ejemplo.

Basándose, como digo en el único argumento cabezón de la democracia, ellos responden y dirigen todo el "prusés" a su gusto, es decir, que ellos no sólo eligen independizarse, sino que ponen las condiciones y las normas. Así, por ejemplo, eligen ser un "Estado libre asociado" a España, sin darse cuenta que para asociarse a alguien la otra parte también tiene la misma libertad para hacerlo o no. 

Por otro lado, todos los trabajadores catalanes dejarían de formar parte del Sistema español de Seguridad Social, y así, un trabajador al que le faltase un año para jubilarse, perdería ese derecho... pero ellos lo arreglan diciendo que exigirían a España que esas cotizaciones las siguiesen computando, como se hace con otros países... sin caer en la cuenta de que para eso hay que firmar un Convenio bilateral, donde ambas partes tienen que estar de acuerdo...

Si les hablas de fútbol, te ponen de ejemplo el Mónaco y te dicen que el Barca seguiría jugando en la liga, sin darse cuenta de que la Liga de Fútbol Profesional es la que tendría que admitirlos o no...

Aún así, ellos se han basado siempre en la Democracia, palabra mágica que todo lo cura, aunque para ello hubiese que retorcerla, permitiendo el voto a los mayores de 16 años (cuna de independentistas, fruto del adoctrinamiento escolar sufrido) o permitiendo el voto a extranjeros residentes en Cataluña (curioso también que permitan votar a extranjeros no catalanes y no permitan votar a españoles no catalanes...).

¡Hasta quieren seguir formando parte de la Unión Europea sin preguntar a la Unión Europea!

El remate ha sido escuchar a un alto cargo de la Generalitat responder a la pregunta sobre qué pasaría si saliese que no... a lo que el hombre tan convencido, decía, "el pueblo catalán quiere la independencia sea cual sea el resultado".

En ese momento me vino a la mente la imagen del niño, sentado en el suelo:

- "¿Democracia?"

- "No, he dicho democracia"


martes, 18 de julio de 2017

La mochila de los prejuicios

"El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejucios"
Carlo Goldoni

Hoy pienso que quería escribir mis primeras impresiones sobre Marruecos, ese país, que desde la distancia huele a calor, arena y chilabas.

En estas primeras semanas ya he tenido la suerte de recorrer el país de norte a sur. De una forma superflua eso sí, pero perfecta para poder así escribir mi primer fotografía marroquí, muy borrosa, claro, pero ideal para que sea sólo el tiempo el que vaya haciendo más nítida e incluso rectifique los colores e impresiones que no respondan a la realidad, porque no siempre la primera impresión es la que cuenta.

Es curioso llegar a un apartahotel y encontrar que el papel higiénico ha sido sustituido por una pequeña manguera a la izquierda del water y cuyo destino nadie te tiene que explicar... por suerte, ya están acostumbrados a estos locos occidentales, y en recepción parecen estar esperando a que aparezcas para darte un par de rollos, que en ese momento te parecen el bien más preciado de la tierra.

Salir a comer en pleno Ramadán, entrar en una pizzería y ser atendido con sonrisas y total amabilidad. De pronto escuchar a los Gipsy Kings de fondo y que el camarero se te acerque y te diga, "español, ole ole"... Fue tal la confianza que me atreví a pedir una cerveza, osado de mí, recibiendo una cordial disculpa por "no querer problemas con sus vecinos", pero en ningún caso una mala cara o un mal gesto.

Autovías infinitas en perfecto estado de revista, con un asfalto que ya quisiera la A-4 en el mejor de sus tramos, aunque eso sí, la primera vez que un coche se metió entre los dos que íbamos por sendos carriles, mi cara de estupefacción era tal que el hombre me miró extrañado como diciendo "¿pero cuál es el problema, si cabemos los tres?" . 

Y es que estos marroquíes son muy prácticos. Cada problema de logística que me he encontrado ha tenido solución, sólo hay que dar con la persona adecuada, recibir una primera sonrisa tranquilizadora y tener paciencia... tic tac tic tac... "pas problem", no hay problema, lo que necesitas llegará, puede que hoy o mañana, pero llegará, aunque al final no sea exactamente lo que querías...

Decía Descartes que los viajes sirven para conocer las costumbres de los distintos pueblos y para despojarse del prejuicio de que sólo en la propia patria se puede vivir de la manera en que uno está acostumbrado. Cuando uno llega a Rabat en pleno mes de julio, dejando atrás los 40º de Madrid y se encuentra una brisa suave y fresquita, que te obliga a ponerte una camisa de manga larga, es en ese momento cuando uno se da cuenta de que tiene que hacer un reset y tirar por la borda todas las imágenes que uno tiene tatuadas en la cabeza, porque será la única manera de poder conocer un país lleno de contrastes. 

Sin duda me queda mucho por descubrir, y aunque es difícil quitarse la mochila de los prejuicios, intento dejarla en casa cada vez que salgo a la calle, porque sólo así podré conocer y aprender a querer un país que seguro que merece la pena.

sábado, 1 de julio de 2017

Exprimiendo la vida

"Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida, y dejar a un lado todo lo que no fuese vida, para no descubrir en el momento de mi muerte, que no había vivido"
El club de los poetas muertos

Hoy pienso que vienen a mí recuerdos de hace unos años, en Madrid, con la oposición recién aprobada y sin otra preocupación que asistir, cada mañana, a seis horas de tediosas charlas y ponencias.

El resto del tiempo era nuestro, en una ciudad extraña, tras varios años de retiro disciplinado entre libros y con unos cuantos compañeros (que pronto se convirtieron en amigos y algunos, hasta en casi hermanos) en las mismas circunstancias.

Un día decidimos ir al cine, ni siquiera recuerdo la película, en realidad, para nosotros eso era lo de menos. Mientras perfilábamos los detalles de la quedada, miré a mi derecha y dije: "Andrés, coño, vente al cine esta tarde, que vamos a ver una peli de esas que te gustan a ti".

Andrés era un gallego cuarentón, aunque algo avejentado y serio, muy simpático y con esa retranca que hace justicia al cliché de los de su tierra, un tío de esos que con solo mirarlo ya percibes que es buena gente, aunque siempre te deja con la duda de si ha querido decir lo que ha dicho o justo lo contrario. Nuestro gallego había aprobado las oposiciones por promoción interna, y sin duda, aquellos meses fuera de su casa, estaban siendo todo un suplicio.

Él me miró pausado, y de forma concluyente me dijo... "Déjalo, tengo un cine al lado de casa, voy a verla allí que me pilla más cerca."

- "Pero Andrés, allí irás solo, vente con nosotros y vas acompañado, entre amigos, además, luego tomaremos algo por ahí".

Él me volvió a mirar, esta vez con esa mueca indescifrable que ni siquiera Da Vinci podría dibujar: "Pero vamos a ver", me contestó, al cine se va a ver la película, y encima hay que estar callado, no se puede hablar... entonces, ¿qué más me da ir solo o acompañado?. Además, al lado de casa tengo una pizzería que está muy bien... ¿Qué sentido tiene irme tan lejos a cenar a un sitio que no conozco cuando puedo cenar al lado de casa, donde sé lo que me ponen y encima es más barato?"

No pude responder nada, la aplastante lógica es lo que tiene, es irrefutable, porque las razones del corazón y la emoción nunca pueden rebatir a la objetividad de la propia razón... 

Y ahora que inicio una nueva etapa profesional que, sin duda, también va a afectar a mi vida personal, siempre recuerdo esta anécdota cada vez que alguien me pregunta por qué he dejado un puesto de trabajo bien remunerado, reputado y situado en la ciudad donde me he criado y vive mi familia. Cómo explicar que cambias todo eso por un trabajo en un país poco atractivo (a los ojos de muchos), donde ni siquiera sabes cómo conformarás tu vida, lo que allí te encontrarás ni en qué condiciones volverás a España.

La respuesta la tenía Andrés. No, la vida no la entiendo de forma tan racional. Quiero vivir, aprender, conocer, descubrir, enfrentarme a nuevos retos, volver a empezar de cero, porque es importante  conocerse a sí mismo, y yo sé que si hoy ya me resigno a ver cumplidos todos mis objetivos  profesionales, me consumiría y la vida se tornaría tan gris que nunca más amanecería y eso no sería bueno para mí ni para los que me rodean.

Esa es la vida tal y como yo la entiendo, y por eso acepté este nuevo reto, sabiendo que me esperan muchas horas de soledad, de carretera, de vuelos, de preguntarme qué coño hago aquí y de recordar mil y una historias de todos estos años vividos en mi tierra. Pero también consciente de que mi alma se enriquecerá, mis minutos serán más largos y volveré a saborear cada segundo que la rutina nos hace desperdiciar a diario casi sin darnos cuenta.

Cuando con 13 años mi padre me dijo que fuese al cine a ver una película, no me sentí muy atraído, la verdad. Además el título no es que ayudase mucho... aquel "Club de los poetas muertos" sonaba a rollo macabeo y si encima la recomendación venia de mi padre...

Nada más lejos de la realidad... Aquella película me marcó para siempre y aquellos versos adaptados de Henry David Thoreau se convirtieron en mi Leitmotiv... Una vez más, mi padre llevaba razón, aunque de haberlo sabido él, quizás nunca me hubiese sufragado aquella tarde de cine... Porque él, como buen padre, hoy me prefiere cerca.

Y así, hoy vuelvo a exprimir la vida, complicándomela, puede que sí, pero estoy seguro  de que cuando llegue mi hora, sonreiré y descubriré en mi lecho que yo sí había vivido.... 

martes, 11 de abril de 2017

Desarme Histórico no es Memoria Histórica

Hoy pienso que hace unos días asistíamos al histórico "desarme" de ETA. 

120 pistolas, 3 toneladas de explosivos y un montón de detonadores ha servido para escenificar el final feliz de una banda asesina. Curioso que las 120 pistolas entregadas eran de primera mano, aún sin utilizar ni manipular y sin huellas asesinas. Un desarme algo edulcorado para acabar con más de 40 años de asesinatos, muchos sin esclarecer aún.

Es entonces cuando me vienen a la mente las palabras de Gerardo Iglesias, fundador de Izquierda Unida: "Es una exigencia democrática y de justicia recuperar la memoria de todas las víctimas y reponer sus derechos, reparar la injusticia y lo que es todavía es más importante: juzgar sus crímenes. No se puede olvidar un período tan trágico de nuestra historia si lo que se quiere es construir un futuro de progreso". 

Y no puedo evitar acordarme de nuestro querido Juez Garzón, cuando decía aquello de que "toda ley de amnistía que busca encubrir un crimen de lesa humanidad es inválida ante la ley”.

Y por supuesto nuestro Pablito Iglesias y su manido lema "Memoria, dignidad y justicia" que ha repetido hasta la saciedad...

Sin embargo, ninguno de estas grandes reflexiones hace referencia a una banda terrorista que ha matado salvajemente y de la forma más cobarde y vil posible, con tiros en la nuca, bombas indiscriminadas, secuestros inhumanos y amenazas de muerte en muchos casos cumplidas. Porque esto no era ni es una guerra, aquí sólo mataba un bando, aquí los asesinos mataban y personas inocentes morían, a veces niños, a veces conductores, a veces catedráticos, a veces concejales, a veces guardias civiles... pero siempre por la espalda o con un detonador a lo lejos.

Y después de haber desempolvado una guerra cruenta que tuvo lugar hace 80 años y hacer supurar una herida que los sabios de la Transición se encargaron de sanar y que empezaba a estar cicatrizada, -porque aquello, queramos o no, sí fue una guerra-, aquellos mismos que se niegan al olvido y exigen con vehemencia la condena de aquellos actos y su reparación, esos mismos,  hoy apelan al olvido y a la comprensión, porque dice nuestro Coletas que el terrorismo de ETA ha causado un “enorme dolor” en España, pero que tiene “explicaciones políticas” y que es necesario comprenderlas para poder “avanzar hacia soluciones democráticas”.   

Así que, por favor, no me confundan el Desarme Histórico con la Memoria Histórica, no me vayan a joder la foto: Una pistola, un poquito de TNT, cuatro cables, tres bastardos con chapela y John Lennon sonando de fondo... y rapidito, que hay que seguir buscando la tumba de García Lorca, aunque su familia se empeñe en dejarlo descansar tranquilo.

Y así, vemos cómo todos brindan por la paz, el amor y la armonía, por el "fin" de ETA, nada de derrota, no se nos vayan a enfadar el Carnicero, Otegui y compañía y se líen a tiros otra vez con las pistolas que siguen teniendo cargadas, sin caer en la cuenta de que ETA ha dejado de matar por imposibilidad, no por voluntad propia.

Y aquí termina este cuento, entre olvidos y risas, aquí paz y después gloria, que ya si eso, las disculpas, las condenas y el arrepentiemiento las seguimos dejando para la Memoria Histórica...

sábado, 25 de marzo de 2017

Adopta una hormiga

Hoy pienso que hace unas semanas, en un día de campo tras varios kilómetros de senderismo perdido en la Sierra de Cazorla, una vez repuestas fuerzas entre risas, viandas y cervezas, decidí contemplar el horizonte y dejarme llevar unos minutos por mi gran amigo Morfeo.

Allí tumbado, bajo el azul del cielo, buscando formas a las nubes y pensando en lo humano y lo divino, justo cuando estaba a punto de encontrar la solución a todos los males del mundo, sentí un cosquilleo en mi brazo. Una hormiga había iniciado otra ruta senderista con destino a lo desconocido y escogió mi extremidad como camino. Me incoporé rápidamente y cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que había atinado a escoger como lugar de rellano un hormiguero.

Imagino que ayudado por el exceso de oxígeno puro de aquellos lares allí me quedé ensimismado observando la fila de hormigüelas que entraban y salían de su agujero. Con el dedo jugaba a obstruir su camino y ellas rápidamente, tan listas y diligentes, sin protestar ni nada, se disponían a bordear mi dedo y volver a su camino.

Llevando mi mirada un poco más lejos de la fila, observé cómo dos hormigas trataban de llevar lo que debía ser el cuerpo decapitado de un escarabajo. Sin duda pesaba lo suyo, por lo que tras varios amagos y caídas, dos compañeras solidarias se acercaron y entre las cuatro valientes, ahora sí, levantaron a pulso aquel cadáver pelotero y se pusieron a la cola junto al resto de compañeras.

En ese momento se me acercó el hijo de un amigo y se sentó a mi lado preguntándome qué hacía. - "Mira", le dije, "cómo trabajan las hormiguitas. ¿Sabías que provienen de la misma familia que las abejas y que tienen más de 110 millones de años?" El niño me miró asombrado, se levantó sin dejar de mirar aquella hilera disciplinada de pequeñas obreras y, ¡zas! De un pisotón barrió toda la fila. "Pues no son tan fuertes para ser tan viejas", me espetó el enano, mientras se alejaba henchido de su victoria.


Aquel acto cruel y salvaje me hirió profundamente. Con lágrimas en los ojos contemplé aquel caos. Hormigas en shock que se movían alteradas y errantes, cadáveres inertes, algunas moribundas y otras que trataban bravamente de aferrarse a la vida.

En ese momento supe que tenía que hacer algo, cogí una de ellas, que trataba inútilmente de ponerse en pie y la puse cuidadosamente en la palma de mi mano y asumiendo la gran responsabilidad que aquel acto conllevaba... la adopté.

Pensé en todos aquellos animalistas que sufren cuando ven a alguien comer jamón porque proviene del cerdo, o los que vomitan sólo de pensar que alguien puede saborear un lechoncillo. Las grandes y ya violentas luchas por evitar las corridas de toros... incluso me acordé de aquel compañero de trabajo que se atrevió a pedir un día de permiso por la enfermedad de su perro, porque según él "formaba parte de la unidad familiar".

Iguanas, serpientes, ratones... da igual que sean feos, peligrosos o que puedan provocar enfermedades, sin embargo nadie nunca cayó en la cuenta de tener en casa y cuidar a una hormiga, tan silenciosa, disciplinada y cariñosa, sin dar nunca ni una queja. Y a cambio de toda una vida sacrificada y dedicada al trabajo ven como son maltratadas por las explotadoras cigarras o son asesinadas y engullidas en países como Colombia o Méjico sin que la ONU haga nada al respecto. 

Mi hormiga se llamaba "Sara" y la llevé un rato en la palma de la mano mientras ella, claramente agradecida, se dedicaba a acariciarme la mano de arriba abajo y de abajo a arriba. Finalmente pensé que estaría cansada y la puse sobre mi hombro, como hacen algunos con sus loros. 

Al llegar a casa la busqué, pero no estaba. Me desnudé cuidadosamente y no fui capaz de encontrarla. Debí haberla golpeado en un movimiento brusco, y debió perder el equilibrio, pobrecita mía. No sé si algún día podré perdonarme mi descuido. No creo que nunca encuentre a Sara, pero desde entonces lucho con todas mis fuerzas porque se reconozcan los derechos de los formícidos, porque ellos también tienen sentimientos. Ya está bien de tanto animalista que en su lucha sin cuartel discrimina a los insectos y los margina en la lucha por la igualdad y el reconocimiento de los derechos más básicos.

Hasta Víctor Hugo se olvidó de las hormigas cuando afirmó aquello de que "los animales son de Dios, la bestialidad es humana". ¿Y los insectos, de quién son los insectos? Por eso, te pido que te unas a mi lucha, hazte insectista, sal a la calle y en el primer jardín que encuentres, adopta una hormiga.

jueves, 16 de marzo de 2017

Yo tengo un sindicato

"No necesito nada de ustedes, ni los problemas ni el dinero. Tengo un sindicato".
Frank Sobotka (The Wire)

Hoy pienso que el Seagirt Marin Terminal  es un puerto gigante de Baltimore, el lugar donde el clan de los Sobotkas y el resto del sindicato de estibadores trabajan y hacen sus chanchullos. En palabras de la propia empresa que gestiona la terminal “fue inaugurada  en 1990, y cuenta con lo último en equipos y sistemas de manipulación de la carga. Detrás de su diseño de alta tecnología se esconde un principio simple: mantener la carga en movimiento”, incluso aunque de vez en cuando se “extravíe” algún contenedor.

Frank Sobotka es el representante sindical de los estibadores, hijo de estibador y nieto de estibador, vela por los intereses y por la supervivencia de su oficio al precio que sea, aunque para ello tenga que mimetizarse con lo que detesta: adoptar sus prácticas, llenar el bolsillo de dinero y hasta ser corrompido para poder corromper.


Hace un siglo, en España la profesión de estibador era más dura que la de minero, agricultor o albañil. Hasta el punto de que tras la II Guerra Mundial costaba mucho encontrar mano de obra en los puertos para realizar estas labores físicamente tan duras. De esta forma, el Ministro de Trabajo de entonces, Girón de Velasco creó la OTP (Organización de Trabajadores Portuarios) nutriéndola de los soldados de la División Azul que regresaban de Rusia, después de pasarlas canutas por una guerra en la que además, supuestamente, España no había participado. De este modo Franco mataba dos pájaros de un tiro, solucionaba el problema de la mano de obra de los puertos y, por otra, resarcía a aquellos divisionarios que volvían sin un pan bajo el brazo después de haberse jugado la vida por una causa que ni ellos mismos tenían clara.

Desde entonces la OTP, primero como tal, después como sociedades de estiba y finalmente convirtiéndose en asociaciones de empresas proturarias, se convierten en las únicas reguladoras de su propio gremio, elaborando su propio censo, teniendo el control del acceso a los puestos de estiba y siendo los únicos encargados de las negociaciones de sus condiciones laborales y económicas.

De esta forma, las empresas están obligadas a emplear únicamente a los trabajadores puestos a disposición por las  SAGEP (Sociedades Anónimas de Gestión de Estibadores Portuarios), en cuyo capital, están además obligadas a pagar.

70 años después, cuando el trabajo de la estiba consta principalmente de pulsar un botón, manejar una grúa o tocar un silbato, la Unión Europea dijo basta, obligando a España a liberalizar la profesión de estibador. Pero no lo hizo de la noche a la mañana, lo hace, primero con una sentencia del Tribunal Superior de Justicia Europeo y fijando un plazo para que el Gobierno español la ejecute. Nadie quiso asumir ese coste político y el Gobierno se lavó las manos, como Pilatos,  dejando en manos de la patronal y los estibadores la negociación. 

23 millones de Euros ha costado a España hasta ahora hacer oídos sordos a Europa, pero ahora el inminente incremento de la multa por parte de la UE por la ejecución de una segunda sentencia, es cuando el Gobierno se pone manos a la obra y decide redactar un Decreto. Los estibadores, acostumbrados a mandar y disponer, amenazan con huelgas que, sin embargo, no terminan de llevar a cabo por... ¿sentido común? ¿capacidad de negociación? No, únicamente por puro y ambicioso interés económico, ya que prefieren hacer una huelga encubierta, parando una hora y trabajando otra, de forma que no dejan de cobrar sus golosos sueldos pero logran ralentizar el ritmo en un 50%. Misión cumplida.

Y mientras, nuestros diputados, con el interés único desde que tomaron posesión en poder dar un palo al Gobierno minoritario, dejan morir un Real Decreto tan justo como necesario, dejando que los 6.156 estibadores sigan manteniendo sus privilegios a costa además de una multa de 134.000 € al día, que pagaremos todos nosotros...

De haber sabido esto, el abuelo de Frank Sobotka no habría emigrado desde Polonia a los Estados Unidos, la tierra de las oportunidades, ya que sin duda habría elegido España para dedicarse al frugal negocio de la estiba. En cualquier caso, dos generaciones después, seguro que Frank habría acabado diciendo también aquello de “Solíamos construir jodidas cosas en este país. Ahora todo consiste en meter la mano en el bolsillo del tipo que tienes al lado”.

martes, 21 de febrero de 2017

Mejor abstemios... y abstemias


"Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te muertes
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren"
Contigo. Joaquín Sabina.

Hoy pienso que hace tiempo que escribí sobre la sospecha machista que nos manchaba a los hombres que, por educación o cortesía, tendíamos a tener gestos arcaicos como el ceder el paso en la entrada de un restaurante o invitar a un café a nuestra compañera de tertulia vespertina, argumento desmontado desde el momento en que me dí cuenta que esos mismos ademanes los cumplìa con ancianos, amigos y demás gente de buen y hasta de mal vivir.

Hace unos meses, leía divertido un artículo de Pérez Reverte en el que contaba una anécdota personal en la que una mujer "ni elegante ni ordinaria, ni guapa ni fea" le espetó en su cara un "eso es machista" por el grave delito de cederle el paso en la puerta de una librería.

Así es, vivimos una exaltación desbordada de igualdad que nos hace enfrentarnos a las propias reglas de la naturaleza y así, todo vale con tal de ser, ya no iguales, sino más bien clónicos. 

Así por ejemplo, la maternidad es un signo de diferenciación entre sexos (que no géneros por mucho que se empeñen) y por eso, para la periodista Samanta Villar, rebelde donde las haya, "su vida desapareció con la maternidad" y es que, seguramente, el instinto maternal es un sentimiento que el heteropatriarcado inventó para mantener a la mujer sumisa y distante.

Hace unos días, escuché la nueva campaña de las Juventudes Socialistas en la que, con motivo del día de los enamorados, alertaban a los jóvenes del amor romántico, catalogándolo de "mito que perpetúa la violencia de género" y remarcando su intención de promover relaciones de respeto y de iguales, es decir, que para ellos el amor es incompatible con el respeto y la igualdad. Atrás quedó aquello que San Pablo escribió a los Corintios: “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.".

Becker, Neruda, Sabines o Lorca serían tildados de machistas empedernidos, sus cantos al amor censurados y sus libros quemados en la hoguera junto a los de caballerías de Alonso Quijano, quien, una vez convertido en Don Quijote acabaría en la trena, no por sus múltiples e inocentes bravuconerías sino por perder el alma por su imaginada Dulcinea mientras reconocía que era ella quien "pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser". ¡Menuda declaración de intenciones!

Sabina deberá quitar de su repertorio "Contigo", y puede que tatarear su canción llegue a ser considerado delito, una clara apología de violencia de género.


Diremos adiós a Cupido, símbolo de  la teocracia patriarcal y daremos la bienvenida a un mundo sin tontas sensibilidades maternales, sin místicos romanticismo, sin zalamerías que provoquen rubor ni tímidas miradas que griten pasión.  Hacia allí nos dirigimos, donde la maravillosa diferencia entre el hombre y la mujer ya no se divisará, quizás porque nunca hemos sabido apreciarla, antes por exceso, es cierto, pero ahora por defecto.
 
Quién sabe, puede que lo siguiente sea prohibir el sexo, nido de sentimientos primitivos y espontáneas pasiones, mezcla de sudor y vehemencia irrefrenable donde la razón no cabe. Y quizás, alguien invente un artilugio que ya Stallone probó sin mucha fortuna, y es que como ya advirtió Julio Cortázar, "no haremos el amor, él nos hará" y una máquina, ahí, poco puede ayudar.


Muerto el perro se acabó la rabia, deben pensar algunos. Y si alguien abusó de un "te quiero" o disfrazó su cobardía y vileza entre rosas con espinas envenenadas, mejor ejecutar al amor, en cuyo nombre muchos aterrorizan y maltratan.

Prohibir el amor es la opción fácil, cobarde e injusta, puede, pero para qué dejar que triunfe el romanticismo, ese que nos hace soñar despiertos y acariciar atardeceres, ese cuyo sabor ya nunca se olvida al beberlo, si siendo abstemios no corremos ningún riesgo y podemos seguir siendo felices... ¿o no?