viernes, 6 de marzo de 2015

Eppur si muove

"Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir." 
Gregorio Marañón

Hoy pienso que los seres humanos siempre nos hemos sentido seres superiores.

Somos criaturas geniales, extraordinarias, más trabajadoras que las hormigas, con más fuerza que el léon, más veloces que un guepardo y capaces de dejar enano a un elefante. Nuestra altiva vanidad traspasa fronteras, incluso atmósferas, haciéndonos creer incluso que somos el punto de referencia de todo el cosmos. Fue Galileo Galilei quien trató ya hace años de convencer a la sociedad de que la tierra no era el centro inamovible alrededor del cual giraba todo el espacio. Sin embargo no logró convencerlos, nuestra soberbia es demasiado orgullosa, y así, le hicieron retractarse de sus propias ideas, aunque dicen que, tras aquella forzada abjuración ante el tribunal de la Santa Inquisición, él susurró aquello de "Eppur si muove", ...-"y sin embargo se mueve"-... como queriéndonos recordar que por mucho que nos empeñemos, no somos tanto como creemos...

Hoy día seguimos como entonces, y así, en el concurso de Misses, nuestro globo terráqueo se nos queda tan pequeño que elegimos directamente a la Miss Universo, dando por hecho, no ya que ninguna especie extraterrestre puede igualar la belleza de nuestras terrícolas, sino que nuestros estándares de belleza son los únicos y mejores.

Ya no hay Galileos que nos rebatan nuestro petulante egocentrismo, sin embargo, por suerte o por desgracia tenemos un gran Pepito grillo que de vez en cuando nos pega una colleja y nos pone en nuestro sitio.

Es ella, la Naturaleza, esa que a lo largo de los siglos enseñó a egipcios, incas y mayas que por mucho que nos esforcemos, es ella la que manda y dispone. La Atlántida, la ciudad de Pompeya o la gloriosa Petra fueron víctimas de la cruel enseñanza de la Madre Tierra, esa que nos deja jugar con ella, morderla, arañarla e incluso maltratarla, hasta que, como buena madre, se cansa y de pronto nos dice basta, enseñándonos que ella es la que manda y, con una pequeño cachete, nos sienta en un rincón a pensar.

Sin embargo, donde realmente la Naturaleza se encarga de ponernos en nuestro sitio, para no hacernos olvidar nuestra débil volubilidad, es a través de nosotros mismos. Nuestro organismo es tan maravilloso como cruel, esa máquina casi perfecta, engrasada con eritrocitos y leucocitos, con un motor diésel que funciona sin necesidad de darle órdenes y un ordenador lleno de megas y gigas que casi nadie sabe utilizar, nos hace sentir poderosos, a veces incluso inmortales... hasta que de vez en cuando la Naturaleza nos susurra con voz ronca y cruel aquello de "eppur si muove"...

Yo mismo me considero una persona de salud fuerte. Siempre deportista, no fumo ni abuso de la cerveza, no soy gran comedor y no conozco palabras que para muchos ya son familiares, como el colesterol o la hipertensión. Sin embargo... cualquier cosa me hace estornudar. Soy alérgico a todo. Al polen, al polvo y sobre todo al olivo... ¡viviendo en la cuna del aceite! Y lo peor, tras 7 meses de convivencia con un pequeño minino que hace las delicias de toda la familia... mi malestar continuo ahora se ha confirmado médicamente, ¡también tengo alergia a mi pequeño Simba! Ahora, por algo que no depende de él ni de mí, tendremos que despedirnos, porque aunque nos lo neguemos a nosotros mismos.. eppur si muove...

Sin embargo, a nuestro organismo habría que recordarle a veces que hay líneas que no hay que cruzar, que hay que cosas que deberían estar prohibidas incluso para la Naturaleza y para él. Y es que hace unos días uno de mis mejores amigos me contaba entre lágrimas que su pequeñajo de 4 años tiene leucemia. 

Para mi, estornudar sin venir a cuento y sin poder evitarlo, es una forma de recordarme esa fragilidad humana que tendemos a olvidar y que yo acepto resignado. Sin embargo, que un niño pequeño, lleno de vitalidad, fuerza e inocencia, sea víctima del sádico cáncer no tiene excusa ni explicación. 

Lo reconozco, quisiera rebelarme y convertirme en un gran dictador, sin debates, sin parlamentos ni elecciones, y así podría dictar un Decreto prohibiendo semejante putada. No, unos padres no se merecen tanto dolor, pero sobre todo, ese niño tiene el derecho a disfrutar de una vida entera para saborearla, con sus truculencias y sus bondades, con sus desatinos y sus milagros. Ya habrá tiempo para mojarse con la lluvia y sudar con los calores, tiritar de frío y hasta estornudar, como yo, con las flores.

Afortunadamente dicen que la Naturaleza es sabia, como el hombre es también cabezón y perseverante, y seguro que nuestro pequeño saldrá de ésta, y lo hará más fuerte y más sabio, y atrás quedarán las lágrimas de mi amigo que lograrán teñirse de sonrisas y besos. Quizás ni él ni nosotros comprendamos por qué le tocó a él pasar por este duro camino, pero como decía Jorge Santayana, "la vida no está para comprenderla, sino para vivirla" y él, junto a sus padres y amigos, tendrá muchos años para gozarla.


2 comentarios:

boli dijo...

No es lo que escribes, es como lo escribes...eres grande, muy grande. Un beso muy fuerte.

Cristina Gonzalez dijo...

Pues si, eres grande. Es lo que tiene esta vida, que no podemos controlarla, ella manda. A veces es muy injusta, como en este caso. Para mi los niños deberían ser intocables. Mucho animo para esos padres, que además de ser buenas personas, tendrán que ser fuertes.

Sister.